Afrofobia en Sudáfrica

Afrofobia en Sudáfrica

Cuando uno menciona a Sudáfrica, la primera palabra que seguramente se le vendrá a la mente será “apartheid”. La hoy denominada nación del arcoiris fue más bien sinónimo de un nubarrón durante más de 50 años en cuanto a su política abierta y orgullosamente segregacionista. Hoy, con todas sus vicisitudes, Sudáfrica es un país de hombres y mujeres libres, iguales en cuanto a derechos civiles y políticos, totalmente conscientes de su pasado oscuro.

No obstante, las distinciones entre white people y black people siguen resonando de modo notorio a lo largo del territorio sudafricano, donde incluso uno siendo extranjero puede distinguir muy fácilmente esa tonada “inglesa” de los eurodescendientes del alegre e inconfundible acento africano de quienes en algún momento fueron víctimas de un sistema represivo que los catalogó como ciudadanos de segunda. Al mismo tiempo, y para sorpresa de muchos, existe algo que no se ve a simple vista, una distinción que escapa al nefasto apartheid: la afrofobia.

Al llegar al Aeropuerto Internacional O.R. Tambo en Johannesbugo, se puede ver una llamativa propaganda, la cual cita la frase “stop afrophobia”. Pareciera ser que habla de la discriminación histórica que los africanos han sufrido en el resto del mundo, pero no: trata sobre el rechazo que muchos habitantes sudafricanos tienen a los migrantes provenientes de otros países de su continente.

Contexto socioeconómico:

Este fenómeno migratorio, puede explicarse fácilmente si se cotejan las cifras del PBI per cápita de cada uno de los países de la región, lo cual da al menos una mínima noción del desarrollo y las oportunidades que podrían llegar a tener los habitantes de cada una de estas naciones.

PBI per cápita 2017 (Según el Banco Mundial):

  • –  Sudáfrica: U$S 6.160,70
  • –  Namibia: U$S 5.227,20
  • –  Angola: U$S 4.170,30
  • –  Eswatini (Suazilandia): U$S 3.224,40
  • –  Nigeria: U$S 1.968,60
  • –  Ghana: U$S 1.641,50
  • –  Zambia: U$S 1.509,80
  • –  Kenia: U$S 1.507,80
  • –  Lesoto: U$S 1.181,80
  • –  Zimbabue: U$S 1.079,60
  • –  Etiopía: U$S 767,60
  • –  Somalia: U$S 499,80
  • –  R.D. Congo: U$S 457,80
  • –  Mozambique: U$S 415,70

  • Botswana es el único país de África Austral que
    posee un PBI per cápita más alto que Sudáfrica (U$S 7.595,60).

Los ejemplos del impacto migratorio son claros: en Johannesburgo, tanto locales como turistas pueden disfrutar de los sabores etíopes en varios restaurantes o recorrer sus costumbres en un barrio llamado Little Addis (en referencia a la capital de Etiopía, Addis Abbaba), o bien, ser recibidos en algún safari por guías nacidos en la vecina Zimbabue. Las oportunidades que escasean en otros países del región, podría estar disponibles en la desarrollada Sudáfrica.

Las reacciones

La frase “los migrantes nos quitan el trabajo” puede ser tristemente aplicada en cualquier contexto histórico y geográfico de la era moderna, y ni hablar en un país en el cual el desempleo se situaba para el año 2017, según cifras del Banco Mundial, en torno al 27,3%, lo cual significa el porcentaje más alto en la historia de la Sudáfrica democrática. La automatización de los trabajos y las crecientes desigualdades del país, sin duda generan un aumento gradual de dicha cifra.

En el año 2015, la intolerancia y la desocupación fueron un cocktail explosivo que culminó en una serie de ataques xenófobos, los cuales se cargaron varias muertes. Incluso llegó a debatirse en aquel momento si el mismo Rey Zulú, Goodwill Zwelithini,durante un discurso de marzo de 2015 mencionó que “los migrantes deben empacar y volver a sus casas”. Lo cierto es que luego, en su jurisdicción, Kwa-Zulu Natal, y en la provincia de Gauteng, en cuestión de días se desató una ola de ataques contra extranjeros que provocaron la muerte de varias personas y el desplazamiento de cientos de migrantes.

Entre enero y abril de 2015, grandes ciudades sudafricanas como Johannesburgo, Durban o Puerto Elizabeth fueron testigos de ataques dirigidos contra negocios cuyos propietarios eran de orígen extranjero. Las marchas en contra de los migrantes en la zona de Jeppestown, en el centro neurálgico de Johannesburgo, no se hicieron esperar.

Resulta paradójico que este tipo de cosas ocurriesen en un lugar donde abundan postales con la cara de Nelson Mandela, y en la ciudad donde la represión laboral hacia los nativos llegó a niveles inimaginables luego de que se descubriera el oro que yacía debajo de ella, para que años más tarde se les prohibiera vivir allí, siendo marginados a los townships, como por ejemplo, el simbólico Soweto.

Esta vez fueron algunos de los anteriormente reprimidos quienes no tuvieron compasión con los foráneos, a pesar de compartir con ellos una historia de batallas y sueños de liberación en común. La hermandad característica de los pueblos africanos se vio opacada.

Contexto global

Claro está que este fenómeno debe ser contextualizado en la época en la que está ocurriendo, donde el falaz concepto de nacionalismo está calando hondo en el subconsciente de la ciudadanía global.

En Europa o Estados Unidos, los antiguos conceptos de “mi país primero”, están resurgiendo con cada vez más fuerza, poniendo en peligro la prosperidad de millones de personas que buscan un mejor futuro en tierras extranjeras.

Esto puede ser explicado a grandes rasgos en aquellas poderosas naciones por la crisis financiera de 2008 y sus consecuencias, la crisis de los partidos políticos en todo el mundo, la cada vez más creciente desigualdad económica y social, y sobre todo, por el acaecimiento del mayor flujo migratorio en la era post Segunda Guerra Mundial. No caben dudas de que nadie estuvo preparado para afrontar todas aquellas cuestiones juntas.

En una era globalizada como la que estamos viviendo actualmente, resultaría iluso pensar que las ideas antes mencionadas no repercutirían en África, a pesar de su coyuntura totalmente distinta a la europea.

Distintos motivos, distintas soluciones

Con un contexto tan distinto al viejo continente, resulta sumamente difícil advertir los motivos de la existencia de estos sentimientos nacionalistas en África, siendo que sus fronteras se fueron trazando de forma ficticia en la última parte del Siglo XIX, a gusto y conveniencia de las ex potencias coloniales, donde a todos los pueblos, más allá de sus posibles diferencias y rivalidades tribales o étnicas históricas, los une un ideal en común: la lucha por la autodeterminación y el paradigma de una África libre en el sentido más amplio de la palabra.

Entonces, ¿Por qué habría de molestarle a un sudafricano la presencia en sus tierras de una persona oriunda de Zimbabue?. Los Xhosa y los Zulúes por ejemplo, no sabían de las actuales fronteras, ¿Por qué anteponer su nacionalidad por sobre el orígen de cada ser humano en detrimento de sus derechos fundamentales?.

Lo cierto es que Sudáfrica, en su carácter de estado-nación con connotación moderna, fue pionera en el continente africano. Durante casi un siglo, aquel país le sacó una ventaja kilométrica en cuanto a desarrollo económico y político al resto de los estados del continente, los cuales recién comenzaron su ola independentista en la década de 1960, plagados de problemas internos, guerras civiles y una pobreza extrema y estructural. En Sudáfrica en cambio, la transición a la solución de su más grande problema se dio de forma ejemplar: sin que se desate una guerra civil de gigantescas proporciones, sin guerrillas tomando el poder, sin crímenes de lesa humanidad, sin venganza, con Nelson Mandela, liderando una nueva etapa de su nación sin rencores contra sus antiguos represores.

Aquellos conceptos parecen quedar en el olvido cuando la brecha social va en aumento nuevamente, cuando la esperanza que transmitía el ANC que forjó Mandela fue corroída por la notable corrupción de sus actuales dirigentes, llevandose puesto, por ejemplo al ex presidente Jacob Zuma, acusado de varios cargos por propios y extraños. Los problemas políticos, económicos y sociales están a la orden del día en una de las más importantes naciones de la África Subsahariana.

No hay duda de que el racismo no es el motivo del rechazo a los ciudadanos extranjeros en Sudáfrica. Pareciera ser que por esas latitudes, con una lógica totalmente distinta, se replican problemas de las sociedades europeas, con motivos diferentes, y naturalmente, soluciones diferentes le son requeridas.

En los países más desarrollados, evidentemente, el combate a estos flagelos empieza por la educación de los ciudadanos, con la búsqueda de que éstos pierdan miedos y prejuicios que complican la coexistencia entre los seres humanos. En África, con eso no basta: debe empezarse por la reducción de los problemas estructurales para dar lugar, de una vez por todas, a un ambiente propicio para la convivencia.

Autor: Gastón Zentner (@gastonzen)Abogado (Universidad de Buenos Aires), especializado en Derecho Internacional.Viajero, apasionado de la geopolítica. 

 

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