Los efectos del tifón Duterte sobre Filipinas

Los efectos del tifón Duterte sobre Filipinas

Desde que ascendió al poder como presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte ha mostrado sin complejos su controvertida figura a través de declaraciones y medidas que han ido dando forma a su perfil político. Entrelazándose además con diversas tramas que tienen tanto aliados como  enemigos como compañeros de viaje y que realizan una conexión entre el pasado, el presente y el futuro de la política filipina. Lo cierto es que la deriva que está tomando el país de la mano autoritaria y represiva de Duterte parece entreverse de forma cada vez más evidente.

La trayectoria profesional de Duterte comienza como abogado en Davao, donde en 1986 dio el salto a la política como vicealcalde de la ciudad tras la Revolución del Poder del Pueblo. En las elecciones de 1988 es elegido alcalde la ciudad, haciéndose conocido por su forma implacable de gobierno, frente a traficantes y consumidores de drogas y por el apoyo a las ejecuciones extrajudiciales a este tipo de criminales, llegando a admitir en 2017 que se habían llevado a cabo dichos asesinatos.

Tras su victoria en los comicios celebrados el 9 de mayo de 2016, Rodrigo Duterte, que se postulaba como candidato por el Partido Democrático Filipino – Poder Popular, fue elegido presidente de Filipinas, saltando a los medios internacionales a medida que su mandato ha ido tomando forma y sus declaraciones iban subiendo de tono.

El presidente filipino ha anunciado su intención de que Filipinas salga de la Corte Penal Internacional (CPI), el órgano jurídico internacional que tiene la potestad de juzgar casos de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad. Duterte entiende que se está cuestionando la inocencia del gobierno filipino y se está actuando contra la soberanía nacional. El contexto de esta decisión viene marcado por uno de los principales caballos de batalla de Duterte: la lucha contra el crimen organizado y las drogas, iniciada ya en su época como político local y que habría mantenido como presidente. Se baraja la cifra de más de 7.000 muertos en el marco de estas operaciones que actuaban como verdaderos «escuadrones de la muerte». También la UE y la ONU han censurado las acciones emprendidas en el país y han advertido de la ilegalidad de las mismas.

En 2017 un abogado filipino, Jude Josue Sabio, solicitó a la Corte Penal Internacional de La Haya que se acusase al presidente Duterte junto a once funcionarios de la Administración filipina de asesinatos en masa y crímenes contra la Humanidad, por la persecución y los asesinatos llevados a cabo durante décadas contra miles de personas, desde que éste alcanzara el poder político.

Duterte también situó entre sus objetivos la lucha contra el terrorismo de la milicia islamista radical Abu Sayyaf, un grupo islámico formado a comienzos de la década de los 90 por excombatientes de la guerra de Afganistán contra la URSS. A finales de 2018 Duterte ha llegado a tender la mano hacia el diálogo para la paz si de esta forma finaliza la violencia, que está causando un elevado número de bajas en el ejército filipino.

Sus numerosas declaraciones en relación a cuestiones como las violaciones, el feminismo, la cosificación de la mujer… también le han puesto ante la palestra de la opinión pública internacional, algo que no ha hecho que suavice sus actitudes.

Curiosamente parece que su hija está siguiendo una trayectoria similar a la suya, siendo también alcaldesa de Davao, puesto que ocupa desde que su padre abandonase este cargo. Incluso ha sido postulada por su padre para una posible sucesión al frente del país, por delante de su vicepresidenta, la opositora Leni Robredo. Duterte confía en que su hija, quién ha fundado un nuevo partido regional, podría continuar con el programa que él ha emprendido, ya que su intención es abandonar el cargo antes de 2022, fecha en la que finalizará su legislatura, ante lo cual también surgieron voces que apuntaban a una posible enfermedad que justificaran estos avisos de dejar el poder.

Tal vez, tras la búsqueda de un sucesor se encuentre también la necesidad de un golpe de efecto ante la ligera caída que ha sufrido su popularidad en los últimos tiempos, tocando a su fin el idilio inicial que el presidente Duterte mantenía con la población filipina.

Duterte-Carpio comparte con su padre el carácter y la determinación de éste y le han hecho ganarse la fama de dirigente dura. Aunque lo cierto es que ya se está abriendo camino entre el electorado nacional, con casi un 43% de la población que admite estar dispuesta a votarle para la presidencia en caso de que ésta se presentase.

Lo cierto es que nada se sabe, e incluso el propio Rodrigo Duterte podría volver a presentarse para la reelección.

La relación de la familia Duterte con los hijos del que fuese durante más de veinte años dictador de Filipinas, Ferdinand Marcos, es muy estrecha, unidos también porque ambas familias se enfrentan a otra influyente familia, la del expresidente Benigno Aquino. Los herederos de Marcos también se dedican a la política nacional, Imee Marcos es gobernadora de Iloros Norte y cuenta con el apoyo de Duterte-Carpio, mientras su hermano Ferdinand Marcos Jr. está respaldado por el presidente en sus aspiraciones a diferentes cargos. Duterte ha alabado la figura y la labor del que fuese dictador del país, cuya figura todavía atormenta a muchos filipinos.

Ferdinand Marcos Jr. mantiene un pulso frente a la vicepresidenta Robredo, quien le ganó en la votación para este cargo, y a quien acusó de fraude electoral ante el Tribunal Supremo; esta disputa entre Robredo y su protegido, Marcos Jr., beneficia al presidente Duterte, quien busca apartar del poder a Robredo, quien se ha mostrado muy crítica con sus acciones para placar el tráfico y consumo de drogas y podría suponer una complicación para Duterte.

Duterte ya ha mostrado anteriormente que está dispuesto llegar hasta donde sea necesario para aplacar las voces críticas contra su persona. Desde febrero de 2017 se encuentra en prisión sin juicio la activista por los DDHH y senadora Leila de Lima, a quien acusó de tratos con los narcotraficantes.

También ha señalado al senador Antonio Trillanes, uno de los líderes del grupo Magdalo, quien ha sido muy crítico con su campaña antidrogas. El expresidente Aquino le había concedido en 2011 la amnistía a Trillanes por su participación en los levantamientos militares y ahora Duterte le habría retirado esta amnistía.

En las últimas semanas el presidente filipino ha puesto su mirada en Pekín: durante los tres primeros meses de 2019  barcos chinos habrían ocupado de forma ilegal el entorno del archipiélago filipino Spratly, ubicado en el Mar de China Meridional, una zona disputada entre ambos países. Duterte ha advertido con un conflicto armado si China persistía en su acercamiento o se producía algún problema con la población local, aunque también ha reconocido que su país no podría afrontar un conflicto de tales características, pero tampoco admitiría que se saltase la soberanía de su país. Esta misma semana Rodrigo Duterte asistirá al II Foro de las nuevas Rutas de la Seda que se llevará a cabo en China y realizará una visita oficial al país que le llevará a reunirse con Xi Jinping, mientras la situación de tensión se mantiene.

En la agenda de esta visita está la firma de varias acuerdos bilaterales sobre educación, ayuda al desarrollo, lucha contra la corrupción y contra las drogas.

RODRIGO DUTERTE Y XI JINPING, EN UN ENCUENTRO FILIPINAS-CHINA

La figura del mandatario filipino se encuentra dentro de una corriente global de líderes políticos, como lo son Jair Bolsonaro, Donald Trump, etc. En términos generales, observamos políticas de corte similar acompañados de polémicas declaraciones, cada uno, evidentemente, desde la órbita de los intereses de sus estados.

Sin embargo, Duterte se ha desmarcado de estos líderes en algunos ámbitos, al mostrarse favorable a una política medioambiental de protección del territorio y los recursos, enfrentándose a las compañías mineras y apoyando el plan de su ministra de Medio Ambiente para cerrar la mitad de los yacimientos mineros del país. La actividad minera aporta 1.390 millones USD pero para el presidente filipino esto no compensa los daños medioambientales que supone para el país. También se mostró en un primer momento favorable a aprobar el matrimonio igualitario en Filipinas, para después dar un giro absoluto en su posición retirando el apoyo a esta medida.

Rodrigo Duterte llegó para, de una manera u otra, remover la política y la sociedad filipina y lo cierto es que parece que lo está consiguiendo. Las intrigas que le rodean, sus más que polémicas declaraciones, sus decisiones y, en definitiva, su perfil personal están ayudando a que la atención internacional se centre en el país asiático, mientras todavía se desconoce cuál será el futuro del líder filipino, parece que la sombra de su mandato será alargada.

Autor: Almudena Sanjuán

 

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