La política exterior mexicana

La política exterior mexicana

Durante el siglo XX la política exterior mexicana se basó en dos modelos contrapuestos de ideologías hacia el exterior; el primero de ellos, el post revolucionario de 1933 a 1988, alineado a la Doctrina Estrada, al desarme nuclear y la defensa de los derechos humanos.

El segundo iniciado en 1986 de corte neoliberal y librecambista, con alta interdependencia y adoctrinamiento hacia los EE.UU., lo cual, según sus defensores, aseguraría nuestro desarrollo. Los resultados han sido desalentadores: las exportaciones se aceleraron pero el crecimiento no maduró y la desigualdad social aumento a niveles nunca antes vistos.

Sin embargo, ante este escenario desalentador actualmente México posee ventajas comparativas que lo posicionan como actor relevante en el orden mundial; como por ejemplo: la red de 12 tratados de libre comercio con 46 países diferentes; una localización geográfica privilegiada entre el Atlántico y el Pacifico; el idioma español como una de las lenguas más utilizadas en el mundo; e igualmente posee recursos naturales y energéticos y una coexistencia en una región desnuclearizada y sin conflictos.

Además de ser el décimo tercer país exportador y la décimo quinta economía a nivel mundial. Estas ventajas deben ser aprovechadas y dinamizadas. De ahí que su agenda de política exterior sea tan amplia en temas como: cooperación internacional, cambio climático, derechos humanos, migración, combate al narcotráfico, entre algunas otras. Por ello, los resultados de las pasadas elecciones, representaban una extraordinaria oportunidad para repensar la estrategia hacia el exterior, una estrategia enfocada al posicionamiento internacional de México como actor relevante en al ajedrez mundial, aumentando su atractivo y competitividad en el escenario global, eso sí, respetando y siendo congruente con los objetivos internos y su realidad internacional. Sin embargo, esto no pasó.

El actual gobierno no formula ningún programa o estrategia hacia el exterior. Lo cual es preocupante, su proyecto de nación hacia afuera ha estado justificado bajo el lema “La mejor política exterior es la interior”. La cual tendría sentido hace 40 años, no hoy ante un mundo globalizado e interdependiente entre sí.

La eliminación de ProMéxico y el Consejo de Promoción Turística de las representaciones en el exterior, además del recorte del presupuesto a la protección consular y la neutralidad sin sentido ante injusticias sociales y dictaduras, indican que lo externo no es prioritario. Aunado a que el presidente no ha salido del país, ni recibido jefes de estado después de su toma de protesta.

Lo que pasa en el mundo parece ser una molestia distractiva para el ejecutivo, excusándose en los principios tradicionales de la política exterior mexicana; la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la no utilización de la fuerza y las amenazas, la igualdad jurídica de los Estados, la lucha por la paz internacional y la cooperación para el desarrollo. Sin embargo, es necesario entender que estos principios no son estáticos en su alcance e implicaciones.

En un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, donde dominan los temas de terrorismo, migración, medio ambiente, comercio, mercados financieros, se vuelve imperativo modernízalos y darles una nueva dimensión. México debe adaptarse a la nueva realidad internacional detonada por el descenso relativo del poder de los Estados Unidos y, por la otra, el ascenso de China como nuevo líder del sistema internacional, además de los cambios geopolíticos que han sacudido el orden mundial en los últimos años.

López Obrador recibe la banda presidencial en la Cámara de Diputados

Urge una estrategia de inserción global que cumpla con las necesidades de desarrollo sostenible y prosperidad, equidad e inclusión, a la vez jugar un papel digno, activo y propositivo en los asuntos de la agenda internacional como: la seguridad y paz internacional, la defensa de los derechos humanos, la protección del medio ambiente, la promoción de la cooperación cultural entre países y el fortalecimiento de las instituciones. .

La defensa de la soberanía y del interés nacional exige posiciones firmes y visionarias en la hora actual y en el largo plazo. No podemos ser ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, debemos tomar postura ante las grandes injusticias sociales y gobiernos autoritarios que atentan sobre los valores democráticos de nuestra sociedad. La mejor política exterior no es la interior. La mejor política exterior es la que contribuye en la construcción de una buena política interior.

Autor: Alfonso de la O (@Alfonso_dela0 Alfonso). Licenciado en Negocios Internacionales por el Instituto Politécnico Nacional. También ha tomado Cursos sobre la historia de las relaciones diplomáticas de México en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revoluciones de México.

 

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