Migración venezolana: el éxodo continúa

Migración venezolana: el éxodo continúa

En los últimos dos años, América Latina ha experimentado una creciente oleada migratoria proveniente de Venezuela, un país con múltiples recursos y que posee las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo. Las personas migran principalmente por inseguridad, crisis económica, desempleo, inestabilidad política, y escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos. Actualmente, el índice de pobreza bordea el 87% (Lozano, 2018) y, de acuerdo con datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) (2019a), existen más de 3,4 millones de venezolanos que han dejado su país y que han huido a Colombia, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, entre otros,en busca de mejores oportunidad es de vida para ellos y sus familias,en una travesía por sobrevivir y conseguir recursos económicos que puedan ser enviados a Venezuela.

La decisión que deben tomar en relación a quedarse o salir de Venezuela no es nada fácil. La mayoría de quienes deciden emigrar, lo hacen a pie y con pocos recursos económicos. Muchos deben dejar a sus familiares y tienen que caminar varios días, pasar hambre, y enfrentarse a los diferentes obstáculos que el camino encierra: inseguridad, violaciones a mujeres,asaltos, trata de personas, xenofobia, entre otros. Varios de los migrantes tienen una profesión, han cursado incluso la universidad; no obstante, deben empezar desde cero, algunos piden limosna en la calle, hasta poder encontrar algún trabajo que les permita llevar el sustento a su hogar.

La migración venezolana está desbordando la capacidad de los países de la región, pues constituye uno de los mayores movimientos de población masiva en la historia latinoamericana de los últimos tiempos. Eduardo Stein, representante especial de la ONU para los refugiados y migrantes venezolanos, manifestó que “los países de la región han mostrado una enorme solidaridad con los refugiados y migrantes de Venezuela y han puesto en práctica hábiles soluciones para ayudarlos; pese a ello, las cifras muestran la presión que sufren las comunidades de acogida y la necesidad de apoyo por parte de la comunidad internacional (…)” (ACNUR, 2019b) .

La primera parada de los migrantes es Colombia, país con el que comparten más de 2.000 kilómetros de frontera. Ese país ha acogido 1,2 millones de venezolanos (ACNUR, 2019a) y, en los últimos días, ha destinado alrededor de USD 229 millones para apoyar y enfrentar los efectos de la referida migración (El Comercio, 2019), cuestionando directamente el papel de Nicolás Maduro en esta crisis humanitaria.

Venezolanos ingresando a Colombia (Agence France-Presse, AFP)

De igual manera, uno de los principales motivos por los cuales los venezolanos decidieron ir a Perú, el segundo país de destino preferente, fue las facilidades que ofrece. Hasta el anterior año, Perú otorgó un permiso temporal de permanencia (PTP), documento que regularizaba su situación migratoria durante un año, permitiéndoles durante este periodo trabajar, estudiar y acceder a servicios de salud pública. El PTP venció el 31 de octubre de 2018y a partir de ahí se empezó a requerir el pasaporte como requisito de entrada, incluyendo pasaportes caducados.De acuerdo a ACNUR (2019a), 728.000 migrantes venezolanos se encuentran en el citado país. Como parte de su política exterior, en el año 2017, Perú promocionó el Grupo de Lima, conformado por 14 países que tienen como objetivo, entre otros, dar solución pacífica a la crisis en Venezuela. Justamente en esa dirección, este Grupo declaró como ilegítimo al gobierno de Maduro, tras un proceso eleccionario que no habría contado con el respeto a las garantías básicas según la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Chile es el tercer país que ha acogido el mayor número de migrantes venezolanos. Según datos oficiales, la cifra ha crecido exponencialmente a 288.000 (ACNUR, 2019a) y se prevé que la cifra siga aumentando.En 2018, este país instauró una nueva política migratoria para los ciudadanos haitianos y venezolanos. Para estos últimos, se encuentra vigente una visa de responsabilidad democrática, consistente en un trámite online que les permite residir en este país por el periodo de un año, prorrogable por una ocasión y con la probabilidad de residencia definitiva.

Por su parte, Ecuador es mayoritariamente un país de tránsito y, debido a la fuerte ola migratoria, tuvo que declarar estado de emergencia en sus fronteras. Por su economía dolarizada,tiene un saldo migratorio de cerca de 221.000 migrantes venezolanos(ACNUR, 2019a). El gobierno ecuatoriano solicitó, hasta hace poco tiempo,pasaporte vigente y pasado judicial apostillado, a fin de poder verificar los datos de las personas venezolanas que ingresaban al país. En este sentido, la Corte Constitucional ecuatoriana suspendió en marzo de este año estas restricciones, debido a que los requisitos habrían atentado contra el principio de igualdad y no discriminación, establecidos en una Constitución con un claro enfoque garantista de derechos. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana (2019), Ecuador es el país que tiene el mayor número de refugiados reconocidos de la región, con 66.288 personas provenientes de más de 70 países.

Entre otros países de la región que han acogido un gran número de venezolanos en estos últimos años, se encuentran: Argentina, con 130.000 migrantes; y Brasil, con 96.000 (ACNUR, 2019a).

La mujer-migrante y el escenario de quienes deciden regresar

Las consecuencias de la migración afectan a las mujeres y niñas más de lo que se encuentran en las estadísticas, e incluso más de lo que los gobiernos y la fuerza pública pueden controlar. Las mujeres venezolanas que migran son expuestas a diferentes tipos de vulnerabilidades como: violencia y discriminación de género, salarios desiguales, explotación sexual y laboral, acoso en las calles, trata, prostitución por supervivencia, entre otras.

Por citar algunos ejemplos, en Bogotá – Colombia, más del 35% de las mujeres que trabajan en prostitución son de nacionalidad venezolana (Infobae, 2018). Estas mujeres acceden a este tipo de trabajo con el propósito de conseguir dinero para enviárselo a sus familias; a pesar de que muchas de ellas cuentan con formación profesional. De igual manera, en Guayaquil – Ecuador, se han registrado casos de explotación sexual a menores de edad de nacionalidad venezolana (Diario Las Américas, 2018).

Asimismo, mujeres embarazadas se ven también obligadas a migrar, pues muchas de ellas no pueden alimentarse bien, peor aún, acceder a revisiones periódicas para controlar su gestación, debido al costo que tienen las consultas y la medicación.

Venezolanos cruzan el Puente Internacional Simón Bolívar hacia la ciudad fronteriza de Cúcuta, en Colombia, en octubre de 2018. 
Fuente: ACNUR/UNHCR/Fabio Cuttica

Por otro lado, no todos los migrantes se quedan en los países de destino; algunos de ellos deciden regresar a Venezuela. El plan “vuelta a la patria” es un programa promovido por el gobierno de Nicolás Maduro, que ofrece a los venezolanos en el exterior la posibilidad de regresar voluntariamente a su país de manera gratuita. Algunos retornan debido a la explotación laboral, xenofobia y diferentes tipos de dificultades encontradas en el país que los acogió.Este plan tiene tres fases: registro, traslado a Venezuela y la posterior inserción en el sistema de protección social (Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores, 2018). Hasta mediados de marzo de 2019, cerca de 13.380 venezolanos fueron repatriados bajo esta modalidad (Telesur, 2019).

Conclusión

Los gobiernos de la región han hecho una importante y, sin lugar a dudas, trascendental labor en permitir a los migrantes venezolanos el ingreso a los diferentes países, a pesar de que acogerán elevado número de personas, haya impactado en su capacidad de recepción, alterando incluso la programación de sus presupuestos estatales. A pesar de que no es una situación fácil, las diferentes naciones deben promover una política migratoria adecuada, como la planteada por la Declaración de Quito sobre Movilidad Humana, donde se protege los derechos de los migrantes venezolanos, creando un marco normativo que incentiva el establecimiento de oportunidades hacia una real inclusión económica y social en los países receptores. Increíblemente, Nicolás Maduro ha negado el éxodo masivo de venezolanos y afirma desinformación por parte de los medios de comunicación.

Pero no solo las respuestas deben provenir de los Estados, sino también de sus sociedades. Es importante que se comprenda la situación de los hermanos venezolanos, que buscan con esfuerzo y alto riesgo,sobrepasar la crisis de la cual huyen. Las sociedades latinoamericanas deben ser tolerantes, evitando todo tipo de manifestaciones de violencia, xenofobia y discriminación, factores que vulneran el derecho a emigrar y movilizarse, garantizado en el Art. 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Autor: Karen Andrea Garzón-Sherdek. Magíster en Relaciones Internacionales y Diplomacia. Licenciada Multilingüe en Negocios y Relaciones Internacionales.

 

No hay comentarios

Añade tu comentario

error: Content is protected !!