Juego de tronos del Islam

Juego de tronos del Islam

La segunda religión más practicada del planeta, con más de 1400 millones de creyentes, se encuentra enmarcada desde hace siglos en una lucha interna entre las dos facciones principales en pugna por instaurar su preponderancia en el credo. Las disputas entre chiíes y suníes se ha recrudecido en la última parte del siglo XX, trasladando el conflicto a zonas fuera de sus tradicionales zonas de influencia. 


La división del Islam surgió tras la muerte del profeta Mahoma en el 632 d.C. tras su muerte, se debía establecer quién lideraría el Islam. Surgieron así el enfrentamiento entre quienes abogaban por una descendía sanguínea; y aquellos que argumentaban que podría ser cualquier colaborador cercano y no necesariamente un familiar. 


Suníes


Son mayoría entre los musulmanes, en torno al 90%. Tras la muerte del profeta, apoyaban que cualquier colaborador cercano al Profeta podía concentrar el poder islámico. En la actualidad tienen su máxima expresión en la monarquía de Arabia Saudí. En contraposición a los chiís, los líderes religiosos tradicionalmente han estado controlados directamente por el Estado.


Chiíes 


Son menores en número, pero quizás su concepción del Islam los ha hecho más visibles. Entienden que un líder religioso debe descender de la familia del profeta, y consideraron a Ali, yerno de Mahoma, como líder del Islam. Tanto él como sus descendientes murieron a manos de los primeros califas (suníes) y son estas muertes (o martirios) en donde se cimenta la fe chiíta, que es entendida como interpretativa por una jerarquía de clérigos, es decir se encuentra siempre bajo revisión.


 En la actualidad, podemos situar el mapa de la fe Islámica con una mayoría Suní en todo el mundo a excepción de Irán, gran parte de Iraq, en torno al 40% de la población del Líbano y una gran parte de Siria.


Distribución Sunnie en Oriente Medio


Relaciones actuales


En la actualidad las rivalidades vienen dadas por obtener la hegemonía en Oriente Medio. Por un lado se encuentra Irán, donde viven la inmensa mayoría de los chiitas del planeta y, por ello, abanderado defensor de esta facción en cualquier punto del mundo islámico. Si bien Irán es el estandarte del chiismo, Arabia Saudí lo es del sunismo. En los últimos años ambos países han convertido a Oriente Próximo en un gran tablero de ajedrez en busca de situarse como potencias regionales y extender su influencia en los países del entorno. 


Iran


La monarquía ha estado con mayor o menor presencia en Irán desde el s.XVI. Sin embargo, la larga tradición monárquica del país llegó a su fin en 1979 con la Revolución Iraní que provocó la huída del último Sha de Irán, Mohammad Reza Pahleví. Tras la caída del régimen monárquico se constituyó un gobierno nacionalista-religioso que instauró un Estado teocrático con el clérigo Jomeini a la cabeza y convirtiéndose en el Jefe de lo que a partir de ahora sería la  República Islámica de Irán. La película del 2012 “Argo” nos lleva a los primeros días de la Revolución. 


Arabia Saudi


Mientras la Revolución Islámica triunfaba en Irán, Arabia Saudí a partir de los años 80 explotó de una manera nunca vista sus recursos petroleros, alterando -según la visión chií- el mensaje tradicional islámico, opuesto a la deificación de las tasas de interés. Durante esos años se favoreció la creación del Banco de Inversiones Islámico, así como dio comienzo la gestación de diferentes paraísos fiscales en el Golfo Pérsico. 


La década de los ochenta en la región retrata las dos direcciones abiertamente opuestas que tomaron uno y otro país: Mientras que Irán se cerraba en  misma y abogaba por un puritanismo chií en su sociedad y valores, Arabia Saudí hacía gala de su aperturismo y anclaje en el proceso de globalización.


Conflictos


Es entonces cuando los dos países se convierten en pretendientes para convertirse en potencias regionales, y comenzarán sus intentos por expandir su presencia en la zona. El comienzo de la partida comenzaba de modo desigual, ya que la mayoría de los países del entorno y sus gobiernos eran suníes. Así pues, mientras que Arabia brindará apoyo financiero a sus vecinos con ayuda de Estados Unidos. Irán dotará de apoyo económico e incluso militar a los diferentes grupos opositores chiíes presentes en los países. 


Bandera de Hezbolah


 Uno de estos casos es el de Hezbolah (Partido de Dios), partido chií con una rama política y otra militar que surgió a raíz de la invasión del Líbano por parte de Israel y que ha tenido una presencia más o menos destacada durante el conflicto civil libanés que termino a finales de 1990. Su facción política es actualmente uno de los principales partidos del Líbano que cuenta con un 21% de población chií. Este grupo recibió ayuda de Irán y ha ayudado a la facción gubernamental –chií en la guerra de Siria. 


A esta agrupación se le atribuyen numerosos actos entendidos como terroristas por gran parte del mundo occidental, como por ejemplo, el ataque a la embajada estadounidense de Beirut en 1983. De manera no oficial se encuentra financiada en gran parte por Irán. Además de sus actividades militares, se centran en la educación y asistencia de una parte de población de Oriente Medio, sobre todo, de aquellas personas más desfavorecidas, captando para sus filas a los jóvenes sin futuro. 


Otra de las situaciones complicadas que se da en esta región entre las dos vertientes del Islam es en Bahréin, donde entre el 65% y el 75% de la población es chií, sin embargo, su monarquía es suní. Por lo que las desavenencias religiosas se derivan en conflictos políticos. A raíz de las revueltas de la Primavera Árabe, las manifestaciones populares se extendieron por todos los países de la región. Sin embargo en Bahréin, debido a su estructura religioso-social, las manifestaciones se veían con mucho recelo, a pesar de que las reivindicaciones eran defendidas tanto por grupos suníes como chiíes.


Los socios del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) una alianza entre las seis monarquías del golfo –todas sunís- temieron por una revolución islámica como la de Irán de 1979. Por ello, rápidamente acudieron a la llamada del monarca de Bahréin y  pusieron de inmediato en marcha la Fuerza del Escudo de la Península, un ejército  compuesto por tropas de los miembros de CCG liderados por Arabia Saudí. La estrategia para el fin de la revuelta se realizó en dos frentes, por un lado, se accedió a algunas de las reivindicaciones de tipo social, por el otro, Arabia Saudí desplegó más de 1500 soldados para garantizar el orden y evitar cualquier conato de revuelta. Se han denunciado que, aprovechando el momento, se ha producido una gran represión hacia sectores chiíes y líderes opositores.


En Siria aproximadamente el 13% de la población es chií, mientras que el 70% es suni. No obstante, pese a ser los suníes mayoría, Basar Al-Assad es de una rama chiita, los alauitas. Pese a seguir con la tradición de los partidos Baaz, fundados sobre una ideología laica, los chiíes ocupan los cargos más importantes de la administración y del ejército, convirtiendo a esta minoría en la élite del país. Las revueltas iniciadas en Siria que han desencadenado la guerra civil comienzan con la sublevación de varios grupos de oposición reclamando derechos sociales. 


A pesar de las varias medidas aperturistas que aprobó el régimen,  varios grupos opositores se sublevaron. Entre estos se encuentran los Hermánanos Musulmanes, islamistas suníes que abogan por un estado de perfil más religioso, entrando en contacto y derivando muchos de sus seguidores hacia el DAESH. El vínculo entre los Hermanos Musulmanes y Arabia Saudí a los que ha ayudado le ha servido a la monarquía saudita para ser acusada de ayudar en cierta manera al DAESH. Mientras, Irán, ha brindado un gran apoyo a Basar AL-Assad mandando tropas de la guardia revolucionaria iraní y apoyo financiero. 



Otro de los casos en los que las élites políticas no se han correspondido con el sentir religioso mayoritario es Iraq. Durante la dictadura de Sadam Husein, las élites minoritarias suníes controlaron el país discriminando a la mayoría social chií. Ambas facciones se distribuyen en su mayoría por zonas, sin embargo, en el medio y el sur del país se encuentra muy mezclados, produciéndose numerosos conflictos de convivencia. 


Parte de la inestabilidad de los gobiernos iraquíes tras la caída de Sadam es la difícil composición del los sucesivos gobiernos entre chiíes, sunís y kurdos, de mayoría suni pero con un fuerte sentimiento nacionalista. El fuerte componente religioso que habita en cada uno de los partidos hace muy difícil llegar a acuerdos. El establecimiento de cuotas para ocupar de una forma proporcionada y repartida los diferentes  cargos gubernamentales no ha tenido los resultados que se esperaban. 


Conclusión


Pese a que algunos medios de comunicación consideran factible una posible guerra civil entre ambas facciones, no es una posibilidad real debido a la situación de gran parte de Iraq y Siria que se encuentran todavía lejos de considerarse países solventes.


Por otro lado, a ambos países les es mas ventajoso, estratégicamente, no enfrentarse cara a cara sino ir utilizando los conflictos locales para aumentar su influencia en la zona, un ejemplo es la intervención en la guerra civil de Yemen. El apoyo Iraní a la minoría Houthiyemení es vital en su disputa con Arabia Saudí. Este tipo de intervenciones pueden recordarnos en ciertos aspectos a los días de la Guerra Fría.  


El juego en la zona entre los dos principales países está en un frágil equilibrio, elementos externos como son Moscú, Washington o la Unión Europea juegan también un papel fundamental en esta serie de alianzas y posicionamientos. Si bien la administración Obama abogó por un cierto acercamiento a Teherán que los saudíes vieron con muy malos ojos; Trump -cuyo primer viaje oficial fue a Arabia Saudí- ha cambiado radicalmente la posición volviendo a una postura abiertamente frentista con Irán e intentando arrastrar en esta maniobra a Europa, que de momento se resiste. Los años próximos serán cruciales para el equilibrio geopolítico de la zona. Estaremos atentos. 


Autores: Diego Gracia y Carlos Bielsa

 

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