Kurdistán sirio, desencadenante de un nuevo conflicto regional

Kurdistán sirio, desencadenante de un nuevo conflicto regional

El 8 de octubre de 2019, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump anunciaba la retirada de las tropas estadounidenses situadas en territorio sirio, como consecuencia de la finalización de la lucha para terminar con el DAESH.  Un cambio geopolítico en la región, a nivel de relaciones y alianzas, pero también un cambio en los enfrentamientos. El vacío norteamericano repercutió en los kurdos, como damnificados, y en Turquía y Rusia como grandes beneficiarios. 

Solo un día después del comunicado, Erdogan informaba de la realización de ataques hacía la población kurda del Kurdistán sirio con el objetivo de crear una zona de seguridad de 30 km y así poder reubicar a los 3.6 millones de refugiados que durante estos años han ido acogiendo. Estos ataques se escudaron en la voluntad de expulsar las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) que según Ankara tienen vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y, por tanto, son consideradas también terroristas. 

Siria se ha visto inmersa en una nueva guerra, ahora con su vecina turca, pero a la vez también sigue luchando contra los grupos yihadistas como el Frente al-Nusra o Hurras al-Din.

Desde el pasado 1 de diciembre hay 850.000 personas desplazadas como consecuencia de los enfrentamientos entre las tropas turcas y las tropas sirias, apoyadas aéreamente por Rusia. Los combates se están produciendo en la zona de Idlib, situada al oeste de Alepo, último territorio y bastión de los opositores al régimen. 

La salida de las tropas de los Estados Unidos ha creado una inestabilidad en la zona, un polvorín aún más caliente, debido a que no se conocen las intenciones o planes a corto, medio y largo plazo, del presidente Trump, generando unas incertezas entre sus aliados. Parece ser que Trump está más pendiente e interesado en las rivalidades con China e Irán, que en seguir con el rol de mediador que durante años Estados Unidos había afianzado en la región. Las ofensivas turcas en la región, en un principio, crearon un poco de malestar y críticas, llegando a aplicarse alguna sanción económica, pero estas rápidamente fueron retiradas, debido a que Turquía es la gran aliada de los Estados Unidos en la OTAN, por ser un territorio estratégico de primera frontera con Rusia.  La no sanción no ha gustado a Israel, aliado de Arabia Saudita con un enemigo común, Irán, que a la vez están enfrentados   a Turquía por su alianza con Catar e Irán. 

El primer beneficiario de la salida de tropas estadounidenses ha sido Rusia, quién se ha posicionado como nuevo mediador regional de la guerra siria. Sus objetivos son expandir su influencia y sus zonas de control, convirtiéndose en un engranaje fundamental en esta región caótica. Al proteger al gobierno de Bashar al-Asad, Putin está siguiendo con su alianza histórica desde los tiempos de la Unión Soviética. 

El segundo beneficiado ha sido Turquía. Erdogan ha visto reforzada su posición y una ventana de posibilidad para expandir su influencia en la región. También los ataques contra los kurdos están permitiendo una nueva distribución de su población, de los refugiados y la eliminación de la oposición kurda. La pregunta seria:

¿Por qué Turquía estaría interesado en expandir su influencia en territorios como Siria?

Pudiera ser que las negativas de la Unión Europea a la entrada de Turquía, condujeron a que decidiera dejar de mirar hacia Occidente para centrarse en sus vecinos más próximos que antiguamente formaron parte de su imperio. Es posible que esté intentando recuperar su zona de influencia antiguamente denominada Imperio Otomano. 

Por su parte, la Unión Europea ha visto que no puede intervenir contra los ataques turcos hacía el Kurdistán debido a que Erdogan avisó que, si la Unión Europea criticaba o intervenían en las operaciones, las autoridades turcas abrirán las fronteras y dejarían pasar a todos los refugiados hacia tierras de la Unión Europea.  

En 2016, la Unión Europea y Turquía llegaron a un acuerdo de migración dónde la Unión Europea trasladaría a los migrantes a Turquía, y ésta se los quedaría a cambio de 3.000 millones de euros. De esta manera, Erdogan está utilizando a los refugiados como baza negociadora y como contención a las acciones de la Unión Europea.  

Esta no intervención y la mala gestión de los refugiados está construyendo una imagen muy negativa de la Unión Europea que podría ser aprovechada por grupúsculos que desean la ruptura y salida de la Unión Europea. Por otra parte, la gestión de los refugiados está ayudando narrativamente a los partidos de extrema derecha.

 Dentro de Siria se pueden encontrar tres actores implicados en esta contienda, además de interrelacionados: el gobierno de Bashar al-Asad, los kurdos y las organizaciones yihadistas. 

El gobierno de Bashar al-Asad vuelve a tener un conflicto abierto, ahora mismo con una potencia vecina. Sigue manteniendo el apoyo por parte de Rusia, pero se ha visto obligada a buscar nuevas alianzas: los kurdos. A cambio de la cesión de algunos de los territorios del Kurdistán, el gobierno sirio les brindaría protección. El apoyo brindado a los kurdos puede beneficiar como blanqueadora de su imagen a nivel internacional. Rojava y los kurdos, durante estos años han ganado simpatías a nivel internacional.  

Los kurdos se han quedado sin su principal aliado y sin el apoyo militar que le ofrecían las tropas estadounidenses. Actualmente están posicionados entre Turquía y Siria, dos gobiernos que durante años llevaron a cabo una represión sistemática hacia esta minoría étnica. Faltará ver si realmente el pacto con el gobierno sirio es beneficioso para los kurdos o si una vez terminado el conflicto con Turquía, Siria aprovechara la ocasión y el debilitamiento de los kurdos para apropiarse de sus territorios. 

 Asimismo, sin el apoyo militar y con todos los efectivos pendientes de los ataques de los turcos, es posible una reaparición de DAESH. Según diarios y analistas de la región, muchos de los presos yihadistas se están fugando de los campos dónde estaban confinados y vigilados por los kurdos. Se ha detectado en el desierto sirio, especialmente en la provincia central de Homs, y por tanto sería viable una posible reagrupación de esta organización yihadista. 

El tercer actor implicado son las organizaciones yihadistas quienes han visto un vacío de poder y de control en este nuevo conflicto, haciendo posible un resurgimiento o expansión. Aunque se considera que DAESH ya está eliminado y su lucha terminada, aún sigue habiendo presencia en el desierto de sirio y, por tanto, es probable que se produzca una reagrupación. Además, la figura del nuevo líder aporta incertidumbre y la posibilidad de una reapertura de su lucha. Esta intervención militar también ha permitido el surgimiento de nuevos grupos armados, como por ejemplo Hurras Al Din (Guardianes de la Religión), una nueva rama de Al Qaeda y que parece ser que cuenta entre 3.500 – 5.000 combatientes. 

A día de hoy, el conflicto sigue más vivo que nunca y no se atisba un final a corto plazo. Para Bashar al-Asad está situación es favorecedora ya que se presenta como único protagonista capaz de aglutinar y salir vencedor de esta contienda. Erdogan se ha visto inmerso dentro de una guerra de desgaste hacía sus tropas situadas en el país vecino. A la vez que intenta evitar una nueva oleada de refugiados, así como la consolidación de un estado kurdo al sur de la frontera turca. Rusia sigue mantenido un liderazgo diplomático y militar en la región, pero habrá que ver hasta qué punto está dispuesta a seguir brindando su apoyo al gobierno sirio y cuáles son sus siguientes movimientos. 

En todo este escenario, el único actor no mencionado ha sido la población siria, una población exhausta y fatigada de tantas guerras y de tantas luchas por intereses ajenos a sus preocupaciones. Tanto ellos como los desplazados y los refugiados, solamente quieren que finalice esta contienda y se pueda avanzar hacia una reconstrucción del país.

Laura Colomé Esquirol. Historiadora, máster en mundo árabe e islámico por la Universidad de Barcelona y posgrado en terrorismo yihadista, insurgencias y movimientos radicales por la Universidad Pablo Olavide.

 

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