Transnistria, una matryoshka dentro de Europa

Transnistria, una matryoshka dentro de Europa

Un país dentro de otro país, como si fueran matryoshkas.  Así se podría definir gráficamente a Transnistria, un territorio independiente muy afín a Moscú en mitad de un país –Rumanía- que busca acercarse a Europa.

Nos encontramos en Moldavia, una de las repúblicas exsoviéticas más pequeñas. Son un pueblo unido al pueblo rumano, poseen la misma bandera y la misma lengua, incluso nos encontramos con un movimiento nacionalismo que reclama la unión entre ambos países (según los últimos datos un 15% aproximadamente de la población moldava sueña con esa unión).

Sin embargo, este no es el único problema territorial que afronta el pequeño país. Al este del país, utilizando como frontera natural el río Dniéster, se sitúa la región de Transnistria, un territorio donde la mayoría de la población (en torno a un 65%) es de origen eslavo conviviendo junto a rusos y ucranianos.

Para entender la situación y, teniendo estas diferenciaciones claras entre las distintas etnias, debemos retroceder hasta un año antes del fin de la URSS: Durante este año ya se comenzaron a dar algunos pasos importantes adelantándose al previsible colapso soviético. Desde la capital del país, Chisinau, se estableció  el moldavo como lengua oficial, algo que en la zona eslava del país se criticó enérgicamente. Las tensiones fueron en ascenso, y con el fin de la URSS, se estableció Transnistria como territorio dentro de la nueva República Moldova Pridnestroviana, convirtiéndose en una de las “repúblicas no reconocidas” junto con casos similares como Osetia del Sur y el Alto Karabaj, que en próximos artículos analizaremos.

Tras esta independencia de facto, nos encontramos con un país mermado económicamente y divido en dos: Por un lado la zona oeste -con mayoría de población de origen rumano- mirando hacia Bucarest y Europa. Y la zona este, de origen eslavo mirando directamente hacia Moscú. El nuevo país se convirtió en una olla a presión, y esto terminó desembocando en una guerra civil en 1992 cuando Moldavia fue reconocida internacionalmente y admitida como miembro de las Naciones Unidas.

Fue una guerra de corta duración, apenas unos meses, debido en gran parte a la intervención exterior, una de las facciones recibió ayuda desde Rumania. La otra, de Rusia. Tras intensos enfrentamientos,  finalmente se declaró el alto el fuego el 21 de julio de 1992, estableciendo un acuerdo por el que Transnistria se convertía en un país dentro de otro país, Moldavia. Contaría con sus propias instituciones, aunque en la actualidad no están reconocidas internacionalmente.

En diversas partes del mundo nos encontramos con regiones con aspiraciones independentistas, pero podemos asegurar que Transnistria es de las pocas que cuenta con una estructura estatal como tal, y es tan solo reconocida por tres países (que igualmente tampoco están reconocidos internacionalmente; República de Abjasia, República de Osetia del Sur y la República de Nagorno Karabaj).

La base política del país se encuentra en el Consejo Supremo de Transnistria, compuesto por 43 miembros elegido mediante representación proporcional. En la actualidad nos encontramos con dos partidos políticos principales,han desbancado a los tradicionales partidos comunistas, que a día de hoy tan solo ocupan un escaño dentro del Consejo Supremo. Por un lado nos encontramos a República, partido fuertemente nacionalista con grandes conexiones con el Kremlin, y por otro Renovación, nacionalista de igual modo, pero con tendencias más liberales.

Oficialmente ambos se encuentran a favor de un mayor desarrollo de la economía de mercado, pero van introduciendo avances poco significativos y únicamente a aquellas empresas cercanas a sus ideales. Esta versión oficial choca claramente con la cantidad de simbología soviética todavía presente en todo el país, desde la bandera hasta grandes estatuas de la hoz y el martillo.

En palabras de algunos turistas que han conseguido acceder al país, se trata de un país que estéticamente se ha quedado estancado hace 40 años. Por ello, es probable que sea, junto con Corea del Norte, la región del mundo que conserva más parafernalia soviética.

Los conflictos en el país hoy en día vienen derivados a que más de un 90% de la población quiere la adhesión a la República Federal Rusa siguiendo el ejemplo de Crimea. Del mismo modo, se ha instado a Rusia desde la Asamblea General de la ONU a retirar todas sus tropas del país, algo que a día de hoy Moscú ha desoído.

Esta situación se ha convertido en un foco de observación y vigilancia internacional, tanto para Estados Unidos como para  Europa. No es para menos, diversos informes atribuyen a esta zona como un posible foco de tráfico de material radioactivo, armas y drogas.  Así mismo, ha sido calificado como país “no libre” por diversas organizaciones, indicando que se vulnera un gran número de Derechos Humanos.

Económicamente hablando nos encontramos con una importante industria del acero y el cemento heredera de la época soviética, así como una tasa de paro que apenas alcanza el 5% (según datos oficiales). Según especialistas en la región este desempleo mínimo es debido a una gran migración que se da, sobre todo, entre los más jóvenes en dirección a Rusia.

En este punto destacan dos figuras, Ilya Karmaly y Viktor Gushan, antiguos miembros del KGB en Moldavia, que cuentan con fuertes e influyentes conexiones con Moscú. Fueron los  creadores del conglomerado empresarial Sheriff en 1993, y desde su creación han recibido importantes ayudas por parte de Rusia con el beneficio de Tiraspol (Capital de Transnistria).

En la actualidad dicho conglomerado es el más importante de Moldavia, pese a que únicamente opera dentro de Transnistria. Posee gran elenco de negocios, que abarcan desde gasolineras hasta el sector de la alimentación pasando por medios de comunicación. Un ejemplo claro del poder que poseen lo observamos en la construcción del Sheriff Stadium en el año 2002 con un coste aproximado de 200 millones de euros.

Paradójicamente este estadio que está situado en Tiraspol, capital de Transnistria, es la sede donde juega sus partidos la selección de fútbol de Moldavia, con todo lo que supone, sobre todo, para la parte occidental del país. El equipo de la ciudad, controlado por el conglomerado Sheriff, recibe el nombre de su sus dueños -su nombre oficial es Sheriff Tiraspol F.C.- y ha sido el ganador los últimos años de la liga Moldava.

El gobierno de Transnistria apoyado por las empresas de Sheriff ha aprovechado el fútbol para acercarse a la población más joven, y está utilizando el deporte como elemento de difusión de la “marca” del país. En este sentido, y gracias en parte al flujo constante de dinero proveniente de Rusia, el equipo ha llegado incluso a participar en las competiciones más importantes a nivel futbolístico de Europa, convirtiendo a Transnistria en foco de interés internacional dando visibilidad a sus reivindicaciones independentistas.

Autor: Diego Gracia

 

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