The Global World

Canal de Panamá: cómo funciona, quién lo controla y qué tráfico mueve

Ochenta kilómetros que ahorran una vuelta entera por el cabo de Hornos. Su limitación real no es la capacidad de las esclusas: es la lluvia.

2 análisis en el archivo

Lámina de trazado abstracto del canal de Panamá, con bandas de nivel sobre el interior.

El canal de Panamá conecta el Atlántico con el Pacífico a través del istmo centroamericano y evita a los buques el rodeo por el extremo sur del continente, un desvío de miles de millas y varias semanas.

Cómo funciona

No es una zanja a nivel del mar. El canal salva una elevación mediante un sistema de esclusas que eleva los buques hasta el lago Gatún, un embalse artificial situado a unos veintiséis metros sobre el nivel del mar, y los vuelve a bajar en el otro extremo.

Ese diseño tiene una consecuencia que rara vez se menciona y que hoy es su principal restricción: cada tránsito consume agua dulce. Las esclusas se llenan y se vacían con agua del lago, que se pierde en el mar. Cuando la estación seca se prolonga o las lluvias fallan, la autoridad del canal reduce el número de tránsitos diarios y el calado máximo, con efectos inmediatos sobre las cadenas de suministro globales.

Quién lo controla

Estados Unidos construyó el canal entre 1904 y 1914, tras la separación de Panamá de Colombia, y administró la zona circundante como territorio propio durante la mayor parte del siglo XX. Los tratados Torrijos-Carter de 1977 fijaron el traspaso, que se completó el 31 de diciembre de 1999.

Desde entonces lo gestiona la Autoridad del Canal de Panamá, una entidad autónoma del Estado panameño. Los tratados establecen además un régimen de neutralidad permanente que obliga a mantener el paso abierto a los buques de todas las banderas.

La ampliación y el nuevo tamaño

El tercer juego de esclusas, inaugurado en 2016, permitió el paso de buques mucho mayores. La distinción entre panamax (el tamaño máximo admitido por las esclusas originales) y neopanamax sigue condicionando el diseño de los portacontenedores y de los metaneros que operan en la ruta.

Por qué se ha vuelto un asunto de competencia

La discusión reciente no es sobre el canal sino sobre sus puertos. Las terminales situadas en ambos extremos son concesiones a operadores privados, y la nacionalidad de esos operadores se ha convertido en objeto de presión política entre potencias, con Panamá en la posición de tener que gestionar una infraestructura que es suya y que otros consideran estratégica para sí.

La sequía de 2023 y lo que dejó al descubierto

El canal no funciona con agua de mar sino con agua dulce embalsada, y cada tránsito vacía al océano el contenido de las esclusas. Esa dependencia convirtió la sequía asociada al fenómeno de El Niño en 2023 en un problema de capacidad: al bajar el nivel del lago Gatún, la autoridad del canal redujo el número de tránsitos diarios autorizados y limitó el calado máximo, lo que obliga a los buques a cargar menos.

El sistema de asignación de turnos hizo el resto. Una parte de los tránsitos se subasta, de modo que la escasez se tradujo en pujas muy por encima del peaje ordinario para quien necesitaba pasar sin esperar, mientras el resto de la cola se alargaba. Varias navieras optaron por rutas alternativas, y la coincidencia con las restricciones en el mar Rojo dejó a la vez bajo presión los dos pasos que conectan las principales rutas este-oeste.

La respuesta prevista pasa por ampliar la capacidad de embalse en la cuenca del río Indio, un proyecto que implica reasentamientos y que lleva años discutiéndose. El episodio dejó una lección que va más allá de Panamá: la vulnerabilidad de un paso estratégico no depende solo de su geografía ni de quién lo controla, sino de un recurso local que ninguna de las partes interesadas administra.

Las alternativas que se proponen cada vez que el canal falla

Cada episodio de congestión reabre la misma discusión, y conviene medir las alternativas con la vara del agua y no con la del mapa. La comparación obligada es Suez, que une dos mares al mismo nivel y no necesita esclusas ni agua dulce: por eso su capacidad no depende de la lluvia. La ventaja de Panamá es que ahorra el rodeo por el extremo sur del continente; su desventaja es estructural, porque cada tránsito consume agua de un embalse que también abastece a la población del país.

La propuesta recurrente en la región es un canal seco, es decir un corredor ferroviario entre los dos océanos en el que la carga se descargue en un puerto, cruce por tierra y se embarque en el otro. Panamá ya opera un ferrocarril transístmico junto al canal, y su límite es evidente: dos transbordos añaden coste y tiempo, así que la fórmula compite bien para contenedores de alto valor y mal para graneles.

El proyecto de un segundo canal interoceánico en Nicaragua, concesionado en 2013 a un grupo privado, ilustra la otra parte del problema. Nunca superó la fase de estudios y la concesión quedó finalmente sin efecto, entre objeciones ambientales sobre el mayor lago de Centroamérica, dudas sobre la financiación y la falta de una demanda que justificase una obra de esa escala. La conclusión que suele extraerse es que la restricción de Panamá no se resuelve construyendo otro canal, sino gestionando el agua del que ya existe.

Preguntas frecuentes

¿Cómo funciona el canal de Panamá?

Mediante esclusas que elevan los buques unos veintiséis metros hasta el lago Gatún y los descienden en el otro océano. No es un canal a nivel del mar, y cada tránsito consume agua dulce del embalse.

¿Quién controla el canal?

La Autoridad del Canal de Panamá, entidad autónoma del Estado panameño, desde el 31 de diciembre de 1999. Antes lo administró Estados Unidos, que lo construyó entre 1904 y 1914.

¿Por qué la sequía afecta al canal?

Porque las esclusas se llenan con agua dulce del lago Gatún y esa agua se pierde en el mar en cada tránsito. Cuando las lluvias fallan, la autoridad reduce el número diario de pasos y el calado máximo permitido.

¿Qué significa panamax?

El tamaño máximo de buque admitido por las esclusas originales. Tras la ampliación de 2016 se añadió la categoría neopanamax, para los buques mayores que admite el tercer juego de esclusas.

¿Por qué hay disputa sobre los puertos?

Porque las terminales de ambos extremos son concesiones a operadores privados y la nacionalidad de esos operadores se ha convertido en objeto de presión entre potencias, al margen de la titularidad panameña del canal.