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Mar Caspio: qué países lo rodean y cómo se repartió su fondo

La masa de agua interior más grande del planeta pasó veintiséis años sin estatus jurídico porque de esa definición dependía quién se quedaba con el petróleo.

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Lámina esquemática del mar Caspio, con bandas de nivel sobre el interior.

El mar Caspio es la mayor masa de agua continental del mundo, con una superficie superior a la de Alemania. Lo rodean cinco Estados: Rusia, Kazajistán, Turkmenistán, Irán y Azerbaiyán.

Por qué su definición era el problema

Hasta 1991 el Caspio era, en la práctica, un asunto bilateral entre la Unión Soviética e Irán, regulado por tratados de 1921 y 1940 que hablaban de navegación y pesca y no decían nada sobre el subsuelo.

La aparición de tres nuevos Estados ribereños convirtió una cuestión técnica en la disputa central de la región, porque el régimen jurídico aplicable determinaba el reparto:

  • Si el Caspio era un mar, se aplicaba la convención del derecho del mar y cada Estado obtendría una zona económica exclusiva proporcional a su línea de costa. Los ribereños con costa larga (Kazajistán, Rusia, Turkmenistán) salían beneficiados.
  • Si era un lago, la práctica internacional sugería una división en partes iguales entre todos. Irán, con la costa más corta y con menos yacimientos accesibles frente a ella, defendió esta interpretación, que le habría asignado un 20 %.

La diferencia entre ambas fórmulas equivalía a miles de millones de barriles.

La convención de Aktau

Lo que sigue en juego

Además del reparto, hay dos cuestiones abiertas. Una es el gasoducto transcaspiano que conectaría Turkmenistán con Azerbaiyán y desde allí con Europa sin pasar por territorio ruso, un proyecto que la convención permite en teoría y que las objeciones ambientales de dos ribereños mantienen bloqueado.

La otra es el descenso sostenido del nivel del agua, documentado por observación satelital, que afecta a la navegación, a los puertos y al ecosistema del norte, el tramo menos profundo.

La convención firmada el 12 de agosto de 2018 por los cinco Estados ribereños en la ciudad kazaja de Aktau no zanjó la pregunta de si el Caspio es un mar o un lago, que era el nudo jurídico de veinte años de negociación. Optó por una tercera vía: le reconoció un estatuto jurídico propio, distinto del que el derecho internacional aplica a uno y a otro, y repartió después las competencias por materias.

Sobre la superficie fijó una franja de aguas territoriales de quince millas náuticas más diez millas adicionales de pesca exclusiva, y declaró el resto de la lámina de agua de uso común, con libertad de navegación para los ribereños. Incluyó además la cláusula que más interesaba a Moscú y a Teherán: la prohibición de presencia militar de Estados no ribereños. El fondo y el subsuelo, donde están los yacimientos, quedaron fuera de ese reparto general y se delimitan mediante acuerdos bilaterales entre vecinos, que es como Kazajistán, Azerbaiyán y Rusia ya habían resuelto sus tramos entre 1998 y 2003. El tramo que afecta a Irán sigue sin cerrarse.

La cláusula de mayor alcance práctico es la de los tuberías submarinas. Un trazado necesita el consentimiento de los Estados por cuyo sector de fondo discurre y el cumplimiento de requisitos ambientales, pero no la autorización unánime de los cinco. Esa fórmula desactivó el veto que Rusia e Irán habían opuesto durante años a un gasoducto transcaspiano, sin que el proyecto se haya construido por razones que a partir de ahí son de coste y de mercado.

El nivel del agua, el otro reparto

Toda la discusión jurídica presupone una superficie estable, y no lo es. El Caspio no tiene salida al océano, de modo que su nivel depende del balance entre lo que aportan los ríos y lo que se evapora. Cerca del 80 % del caudal entrante procede de un solo río, el Volga, cuyo curso está regulado por una cadena de embalses situados enteramente en territorio ruso. El nivel ha subido y bajado varios metros en el último siglo, y la tendencia registrada en las últimas décadas es de descenso.

Eso convierte un asunto ambiental en un asunto de fronteras. Las líneas de aguas territoriales y las zonas de pesca pactadas en Aktau se miden desde la costa, y una costa que retrocede desplaza el punto de partida: en la orilla norte, la más somera, un descenso de un metro deja al descubierto franjas considerables de fondo. Los puertos kazajos y los accesos a varias instalaciones petroleras del norte han necesitado dragados repetidos por ese motivo.

La pesca es la pérdida ya consumada. El Caspio concentraba la mayor parte de las capturas mundiales de esturión, la base del comercio de caviar, y esas poblaciones se desplomaron por la combinación de sobrepesca, captura furtiva y el corte de las rutas de migración fluvial por las presas. La respuesta ha sido una sucesión de restricciones a la exportación y de vedas acordadas entre los ribereños, con la cría en cautividad ocupando el lugar que antes tenía la captura.

Preguntas frecuentes

¿Qué países rodean el mar Caspio?

Cinco: Rusia, Kazajistán, Turkmenistán, Irán y Azerbaiyán. Hasta 1991 solo eran dos, la Unión Soviética e Irán.

¿El Caspio es un mar o un lago?

Jurídicamente, ninguna de las dos cosas. La convención de Aktau de 2018 le otorgó un estatus especial precisamente para evitar tener que decidir entre los dos regímenes, que producían repartos muy distintos.

¿Por qué importaba tanto definir el Caspio como mar o como lago?

Porque como mar cada Estado obtendría una zona proporcional a su costa, y como lago los recursos se dividirían por igual entre los cinco. Irán, con la costa más corta, defendía la segunda fórmula.

¿Qué resolvió la convención de 2018?

La superficie: navegación, aguas territoriales, pesca y la prohibición de presencia militar de Estados no ribereños. El lecho marino, donde están los hidrocarburos, quedó remitido a acuerdos bilaterales.

¿Qué es el gasoducto transcaspiano?

Un proyecto para conectar Turkmenistán con Azerbaiyán bajo el mar y llevar gas a Europa evitando territorio ruso. La convención lo permite en teoría; las objeciones ambientales de dos ribereños lo mantienen bloqueado.