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Eritrea, el país más cerrado de África: la guerra con Etiopía y Asmara

Un país sin elecciones desde su independencia, sin constitución en vigor y con un servicio militar que no termina. Cómo Eritrea llegó hasta aquí y por qué su frontera con Etiopía sigue decidiendo su política.

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Análisis regional
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Lámina esquemática de Eritrea: un territorio en cuña sobre la costa del mar Rojo, con islas dispersas.
Lámina 51 15°20' N / 38°55' E

La guerra entre Etiopía y Eritrea, que estalló en 1998 por una aldea fronteriza, explica casi todo lo que vino después: uno de los Estados más jóvenes de África se convirtió en uno de los más impenetrables del mundo, y el servicio militar en Eritrea dejó de tener fecha de finalización. La independencia de Eritrea se había consumado apenas cinco años antes, en 1993, tras un referéndum en el que más del 95 % de los votantes eligió separarse de Etiopía. Desde aquel día el país no ha celebrado una sola elección nacional: la constitución que su parlamento ratificó en 1997 nunca llegó a aplicarse, y el presidente que asumió el cargo con la independencia, Isaias Afwerki, seguía en él tres décadas después.

La comparación con Corea del Norte se ha repetido tanto que conviene precisar en qué se sostiene y en qué no. Eritrea no dispone de armamento nuclear ni de una dinastía hereditaria, y su aislamiento tiene menos que ver con una doctrina ideológica que con un conflicto fronterizo que se prolongó veinte años. Lo que sí comparte con aquel modelo es la militarización total de la vida civil, el partido único y una diáspora que supera holgadamente al conjunto de los ciudadanos que permanecen dentro.

Qué país es Eritrea y dónde está situado

Eritrea es un país que ocupa una franja de unos 117.600 kilómetros cuadrados en el Cuerno de África, con más de mil kilómetros de costa sobre el mar Rojo. Esa costa es el dato geopolítico que explica casi todo lo demás: cuando el país se independizó, Etiopía —con cerca de cien millones de habitantes entonces— perdió de golpe su salida al mar y quedó convertida en el Estado sin litoral más poblado del planeta.

Limita al oeste con Sudán, al sur con Etiopía y al sureste con Yibuti. Frente a sus costas, al otro lado del estrecho de Bab el-Mandeb, está Yemen. Por ese estrecho pasa una parte sustancial del tráfico de contenedores y de crudo que une Asia con Europa a través del canal de Suez, lo que convierte a un país de apenas unos millones de habitantes en un vecino incómodo para cualquier potencia interesada en la ruta.

La población es difícil de precisar, precisamente porque no se celebra un censo fiable desde antes de la independencia. Las estimaciones internacionales la sitúan entre tres y cuatro millones de personas dentro del territorio, repartidas entre nueve grupos etnolingüísticos reconocidos oficialmente. El tigriña y el árabe funcionan como lenguas de trabajo; el inglés se emplea en la enseñanza secundaria y superior.

De colonia italiana a provincia etíope

La historia moderna del territorio empieza en 1890, cuando Italia formaliza la colonia de Eritrea y le da el nombre con el que se la conoce hoy, tomado del término griego para el mar Rojo. La administración italiana duró hasta la Segunda Guerra Mundial: en 1941 las tropas británicas expulsaron a los italianos del Cuerno de África y el territorio quedó bajo administración militar británica durante una década.

En 1952, Naciones Unidas resolvió el estatus del territorio mediante una fórmula intermedia: Eritrea se federaría con Etiopía, entonces gobernada por Haile Selassie, conservando parlamento propio, bandera propia y competencias internas. La fórmula duró exactamente diez años. En 1962 el emperador disolvió el parlamento eritreo y convirtió el territorio en una provincia etíope más.

Esa anexión es el origen directo del conflicto. El Frente de Liberación de Eritrea, fundado a comienzos de los sesenta, pasó de las acciones esporádicas a la guerra abierta, y en los años setenta fue desplazado por una organización más disciplinada y de orientación marxista, el Frente Popular de Liberación de Eritrea, dirigido por Isaias Afwerki.

La guerra de independencia: treinta años de conflicto

La guerra de independencia se prolongó desde 1961 hasta 1991 y atravesó dos regímenes etíopes distintos. Primero el imperio de Haile Selassie, derrocado en 1974. Después el Derg, la junta militar de Mengistu Haile Mariam, que recibió apoyo soviético masivo y llegó a desplegar cientos de miles de soldados en el norte.

La independencia de Eritrea llegó cuando la guerrilla eritrea y los movimientos armados que combatían al Derg dentro de la propia Etiopía convergieron. En mayo de 1991 el Frente Popular de Liberación de Eritrea tomó Asmara mientras las fuerzas del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope entraban en Adís Abeba. El nuevo gobierno etíope aceptó celebrar el referéndum, que se convocó en abril de 1993 bajo supervisión internacional. La independencia se proclamó el 24 de mayo de ese año.

Los primeros años fueron los únicos en los que el país pareció encaminarse hacia algo parecido a una normalidad institucional. Se redactó una constitución, se planificaron elecciones y las relaciones con Adís Abeba, gobernada por antiguos aliados, eran cordiales.

La guerra entre Etiopía y Eritrea y la frontera de Badme

En 1998, cinco años después, estalló la guerra entre Etiopía y Eritrea por el control de Badme, una localidad fronteriza sin valor económico apreciable. El conflicto duró hasta el año 2000 y provocó decenas de miles de muertos en ambos bandos, cifras propias de una guerra convencional entre Estados en un continente donde predominaban entonces las guerras civiles.

La guerra entre Etiopía y Eritrea terminó con el Acuerdo de Argel, firmado en diciembre de 2000, que creó una comisión internacional encargada de delimitar la frontera. En 2002 la comisión emitió su decisión y adjudicó Badme a Eritrea. Etiopía se negó a ejecutarla. El resultado fue un limbo de dieciséis años: ni guerra abierta ni paz, con los dos ejércitos frente a frente y una economía eritrea organizada por completo alrededor de esa amenaza.

Ese periodo, conocido como «ni guerra ni paz», es la clave para entender el país actual. Sobre él se justificó la suspensión indefinida de la constitución, el aplazamiento sin fecha de las elecciones y, sobre todo, la extensión ilimitada del servicio nacional.

La situación cambió en julio de 2018, cuando el primer ministro etíope Abiy Ahmed anunció que aceptaba el laudo de 2002 en su integridad. Ambos países firmaron una declaración conjunta de paz, reabrieron embajadas y restablecieron vuelos y comunicaciones. Abiy recibió por ello el Premio Nobel de la Paz en 2019. Dentro de Eritrea, sin embargo, el fin del conflicto no vino acompañado de ninguna apertura interna: el servicio militar siguió siendo indefinido y las reformas prometidas no se materializaron.

El servicio nacional indefinido y la emigración

El servicio militar en Eritrea es la institución central del Estado. La ley de 1995 lo estableció en dieciocho meses para hombres y mujeres. Tras la guerra de 1998 se amplió sin plazo, de modo que el reclutamiento podía prolongarse durante años o décadas, con destinos que incluyen no solo unidades militares sino trabajo en obras públicas, minas y administración.

Sobre esa base se sostiene el flujo migratorio. Durante la última década, Eritrea figuró de forma sistemática entre los principales países de origen de solicitantes de asilo que llegaban a Europa por la ruta del Mediterráneo central, en proporciones desmesuradas para su tamaño. Naciones Unidas ha estimado que varios cientos de miles de eritreos han abandonado el país desde la independencia; algunas estimaciones sitúan a la diáspora en torno a un tercio de la población total.

La salida no es sencilla. Los ciudadanos en edad de servicio necesitan permiso para viajar, y durante años estuvo vigente una política de disparar contra quienes intentaran cruzar la frontera sin autorización. Quienes llegan al extranjero siguen vinculados al Estado por un impuesto del 2 % sobre la renta que Asmara reclama a su diáspora, una práctica que varios gobiernos europeos han cuestionado por los métodos empleados para cobrarlo.

El régimen de Asmara: partido único y economía militarizada

El Frente Popular por la Democracia y la Justicia, heredero directo de la guerrilla, es la única formación política legal. No existe parlamento en funcionamiento desde 2002, ni tribunales independientes, ni prensa privada: los medios independientes fueron clausurados en septiembre de 2001 y varios periodistas detenidos entonces siguen sin juicio ni paradero conocido. Las clasificaciones internacionales de libertad de prensa sitúan a Eritrea de forma recurrente en los últimos puestos, en ocasiones por detrás de Corea del Norte.

La economía combina agricultura de subsistencia, remesas de la diáspora y minería. El yacimiento de Bisha, que entró en producción en 2011 y explota oro, cobre y zinc, es el proyecto industrial de referencia. La participación estatal en las explotaciones mineras y el uso de mano de obra procedente del servicio nacional han motivado litigios internacionales contra las empresas concesionarias.

Entre 2009 y 2018 el país estuvo sometido a un embargo de armas de Naciones Unidas, impuesto por su presunto apoyo a grupos armados en Somalia. El levantamiento del embargo, en noviembre de 2018, acompañó al deshielo con Etiopía.

Eritrea en el Cuerno de África: la guerra de Tigray

La política exterior eritrea se explica casi siempre en relación con su vecino del sur. Cuando estalló el conflicto de Tigray en noviembre de 2020, las fuerzas eritreas intervinieron en apoyo del gobierno federal etíope contra el Frente Popular de Liberación de Tigray, la misma organización que había dirigido Etiopía durante los años del bloqueo fronterizo.

Asmara negó durante meses la presencia de sus tropas, admitida después. Informes de Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos documentaron su participación en la fase más dura del conflicto. El acuerdo de cese de hostilidades firmado en Pretoria en noviembre de 2022 entre el gobierno etíope y las autoridades tigrinas no incluyó a Eritrea como parte firmante, lo que dejó abierta la cuestión de la retirada.

El episodio ilustra la lógica del régimen: la paz con Abiy Ahmed no respondió a un giro aperturista, sino al cálculo de que el nuevo gobierno etíope era adversario del enemigo real, el Frente Popular de Liberación de Tigray.

Por qué la comparación con Corea del Norte funciona a medias

La etiqueta de «Corea del Norte africana» capta el aislamiento, el partido único y el control de la movilidad interna. Pierde, en cambio, algunos rasgos que distinguen a Eritrea.

No hay culto dinástico ni sucesión hereditaria organizada; de hecho, la ausencia de un mecanismo de sucesión es una de las incógnitas del país. Tampoco hay una ideología de Estado codificada al modo del juche: el discurso oficial se apoya en la autosuficiencia y en la memoria de la guerra de liberación, no en un corpus doctrinal. Y la economía, aunque intervenida, no está planificada de forma centralizada: las remesas y el comercio informal sostienen buena parte de la vida cotidiana.

La diferencia más relevante es la porosidad. Corea del Norte controla eficazmente su frontera; Eritrea, pese a la política de disparar contra fugitivos, ha visto marcharse a una fracción enorme de su población joven. Ese es, a la vez, el principal indicador de la naturaleza del régimen y su principal problema demográfico.

Qué puede cambiar

Los tres factores que podrían alterar la situación son la sucesión, la presión demográfica y la posición en el mar Rojo.

Isaias Afwerki nació en 1946 y no ha designado sucesor ni ha permitido que se consolide una estructura capaz de gestionar el relevo. La emigración sostenida de la población en edad de trabajar erosiona la base del propio servicio nacional. Y la creciente competencia por el acceso al mar Rojo —con bases militares extranjeras en Yibuti y un interés renovado de Adís Abeba por un puerto propio— vuelve a colocar la costa eritrea en el centro de la negociación regional, igual que en 1993.

Ninguno de los tres apunta por sí solo a una apertura. Sí indican que el equilibrio que ha sostenido al régimen durante tres décadas depende de variables que ya no controla del todo.

Preguntas frecuentes

¿Dónde está Eritrea exactamente?

Eritrea está en el Cuerno de África, sobre la costa occidental del mar Rojo. Limita con Sudán al oeste, Etiopía al sur y Yibuti al sureste, y tiene más de mil kilómetros de litoral frente a la península arábiga.

¿Cuándo se independizó Eritrea de Etiopía?

El 24 de mayo de 1993, después de un referéndum celebrado en abril de ese mismo año en el que más del 95 % de los votantes se pronunció a favor de la separación. La independencia puso fin a una guerra que había comenzado en 1961.

¿Por qué se dice que Eritrea es la Corea del Norte de África?

Por el partido único, el aislamiento internacional, la ausencia de prensa libre y el control estatal sobre la movilidad de los ciudadanos. La comparación es imprecisa en otros aspectos: Eritrea no tiene sucesión dinástica, ni armamento nuclear, ni una economía centralmente planificada.

¿Qué fue la guerra entre Etiopía y Eritrea?

Un conflicto convencional librado entre 1998 y 2000 por el control de la localidad fronteriza de Badme. Causó decenas de miles de muertos y terminó con el Acuerdo de Argel, que encargó la delimitación de la frontera a una comisión internacional.

¿A quién pertenece Badme?

La comisión fronteriza creada por el Acuerdo de Argel adjudicó Badme a Eritrea en 2002. Etiopía rechazó aplicar la decisión hasta julio de 2018, cuando el primer ministro Abiy Ahmed aceptó el laudo en su integridad.

¿Hay elecciones en Eritrea?

No se ha celebrado ninguna elección nacional desde la independencia. La constitución ratificada en 1997 nunca entró en vigor y el parlamento dejó de reunirse en 2002.

¿Cuánto dura el servicio militar en Eritrea?

La ley de 1995 fijó dieciocho meses, pero tras la guerra de 1998 el servicio militar en Eritrea se amplió de forma indefinida. En la práctica el reclutamiento puede prolongarse durante años y abarca destinos civiles además de militares.

¿Por qué emigran tantos eritreos?

La causa citada de forma más constante en las solicitudes de asilo es el servicio nacional indefinido, junto con la ausencia de libertades políticas. Eritrea ha figurado durante años entre los principales países de origen de demandantes de asilo llegados a Europa, en una proporción muy alta respecto a su población.

¿Qué es el impuesto del 2 % a la diáspora?

Un gravamen que el Estado eritreo reclama sobre la renta de sus ciudadanos residentes en el extranjero. Varios gobiernos europeos han cuestionado los métodos empleados para recaudarlo y su vinculación con trámites consulares.

¿Quién gobierna Eritrea?

Isaias Afwerki, presidente desde la independencia en 1993 y antes dirigente del Frente Popular de Liberación de Eritrea. Su formación, el Frente Popular por la Democracia y la Justicia, es el único partido legal.

¿Qué papel tuvo Eritrea en la guerra de Tigray?

Fuerzas eritreas intervinieron desde noviembre de 2020 en apoyo del gobierno federal etíope contra el Frente Popular de Liberación de Tigray. Asmara negó inicialmente su presencia y no fue parte firmante del acuerdo de cese de hostilidades de Pretoria en noviembre de 2022.

¿Qué economía tiene Eritrea?

Agricultura de subsistencia, remesas de la diáspora y minería. El yacimiento de Bisha, en producción desde 2011, extrae oro, cobre y zinc y es el principal proyecto industrial del país.

¿Se puede viajar a Eritrea?

Se expiden visados de turismo, pero el desplazamiento por el interior requiere permisos específicos para muchas zonas y el acceso a la franja fronteriza está restringido. La capital, Asmara, conserva un conjunto arquitectónico racionalista italiano declarado Patrimonio Mundial en 2017.

¿Por qué es estratégica la costa eritrea?

Porque domina el acceso occidental al estrecho de Bab el-Mandeb, paso obligado del tráfico marítimo entre Asia y Europa a través del canal de Suez. Esa posición explica el interés recurrente de potencias externas en la región y la insistencia de Etiopía en recuperar una salida al mar.

¿Sigue en vigor el embargo de armas contra Eritrea?

No. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo impuso en 2009 por el presunto apoyo eritreo a grupos armados en Somalia y lo levantó en noviembre de 2018, tras el acuerdo de paz con Etiopía.