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La pandemia y el orden mundial: qué cambió en el equilibrio global

En 2020 se anunció que la covid aceleraría el desplazamiento del poder hacia Asia y enterraría la globalización. Con distancia suficiente, el balance es más modesto y en algunos puntos el contrario.

Tipo
Análisis regional
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Esquema del equilibrio de poder mundial dibujado en ocre oscuro, con una red de ríos que converge tierra adentro.
Lámina 79 46°13' N / 6°08' E

Durante 2020 se publicó una cantidad extraordinaria de análisis sobre las consecuencias geopolíticas de la pandemia. Las tesis dominantes fueron tres: que aceleraría el desplazamiento del poder desde Occidente hacia Asia, que marcaría el final de la globalización tal como se conocía y que obligaría a reconstruir la gobernanza multilateral.

Con varios años de distancia, el balance permite comprobar cuáles se sostuvieron. La respuesta corta es que la pandemia funcionó menos como punto de inflexión que como acelerador selectivo, y que en algunos puntos produjo lo contrario de lo anunciado.

Lo que no ocurrió

El cambio hegemónico. La previsión más repetida fue que China saldría reforzada. No fue así en los términos previstos: su política de covid cero, sostenida durante casi tres años, produjo un coste económico y reputacional considerable, y su salida abrupta a finales de 2022 fue desordenada. El crecimiento chino se desaceleró después por razones estructurales (el sector inmobiliario, la demografía) más que por la pandemia, y la brecha con Estados Unidos en producto nominal no se estrechó como se anticipaba.

El fin de la globalización. El comercio mundial de bienes se recuperó con rapidez y superó los niveles previos. Lo que cambió no fue el volumen sino la composición y la percepción del riesgo: se habla de friend-shoring y de diversificación de proveedores, y se aprobaron políticas industriales de gran alcance en semiconductores y salud. Pero la deslocalización no se revirtió; se redistribuyó hacia Vietnam, México e India, con frecuencia manteniendo insumos chinos en fases intermedias.

La reforma multilateral. El acuerdo internacional sobre pandemias negociado en la Organización Mundial de la Salud se prolongó durante años y su resultado fue considerablemente menos ambicioso que las propuestas iniciales, sobre todo en el punto que más importaba: el reparto de vacunas y la transferencia de tecnología.

Lo que sí cambió

La demostración de que la interdependencia es una vulnerabilidad. La escasez de mascarillas, principios activos y después semiconductores mostró que cadenas optimizadas por coste no tienen holgura. Esa constatación no se olvidó: sobrevive en las políticas industriales posteriores y en el vocabulario de la seguridad económica.

La aceleración digital. El teletrabajo, la administración electrónica, la telemedicina y el comercio en línea avanzaron en meses lo que habrían tardado años, con efectos permanentes sobre el mercado inmobiliario de oficinas y sobre la movilidad urbana.

La política fiscal. El tamaño de los programas de gasto aprobados rompió el consenso de austeridad que había dominado desde 2010. La Unión Europea aprobó por primera vez emisión de deuda común a gran escala para financiar el fondo de recuperación, una decisión que en 2019 se consideraba políticamente imposible y que sentó un precedente.

La desigualdad en el acceso. El reparto de vacunas fue el episodio más consecuente para la credibilidad occidental. Mientras los países ricos aseguraban dosis muy por encima de su población, buena parte de África esperaba, y el mecanismo COVAX no alcanzó sus objetivos. Ese contraste se cita hoy con frecuencia en foros del Sur global como argumento sobre el funcionamiento real del multilateralismo.

La disputa sobre el origen

Un asunto que no se cerró y que envenenó la cooperación es el del origen del virus. La misión conjunta de la Organización Mundial de la Salud de 2021 tuvo acceso limitado y sus conclusiones fueron cuestionadas incluso por el propio director general de la organización.

Al margen de qué hipótesis resulte correcta, el episodio dejó una consecuencia institucional: el sistema internacional no dispone de un mecanismo con capacidad de investigar el origen de un brote en el territorio de un Estado que no coopere. Esa carencia sigue sin resolverse y es probablemente la lección más incómoda del periodo.

El balance

La pandemia se comportó como una prueba de resistencia. No creó tendencias nuevas: aceleró la rivalidad tecnológica que ya existía, expuso fragilidades de suministro que ya se conocían y confirmó los límites de una gobernanza sanitaria que ya se habían señalado tras el ébola de 2014.

Lo que no produjo fue el reordenamiento del poder que tantos análisis anticiparon. Es un recordatorio útil sobre la tendencia a interpretar cualquier acontecimiento excepcional como el momento en que todo cambia.

Preguntas frecuentes

¿Salió China reforzada de la pandemia?

No en los términos que se anticiparon. Su política de covid cero, sostenida casi tres años, tuvo un coste económico y reputacional considerable, y su desaceleración posterior responde sobre todo a factores estructurales.

¿Terminó la globalización?

No. El comercio mundial de bienes se recuperó y superó los niveles previos. Lo que cambió fue la composición y la percepción del riesgo: diversificación de proveedores y política industrial, no reversión de la deslocalización.

¿Qué es el «friend-shoring»?

La estrategia de relocalizar producción hacia países considerados aliados o de bajo riesgo político, en lugar de repatriarla por completo. En la práctica se ha traducido en desplazamientos hacia Vietnam, México e India.

¿Se reformó la gobernanza sanitaria internacional?

Solo en parte. El acuerdo sobre pandemias negociado en la Organización Mundial de la Salud tardó años y resultó menos ambicioso de lo propuesto, sobre todo en reparto de vacunas y transferencia de tecnología.

¿Qué fue COVAX y por qué se considera un fracaso parcial?

El mecanismo internacional para distribuir vacunas de forma equitativa. No alcanzó sus objetivos: los países ricos aseguraron dosis muy por encima de su población mientras buena parte de África esperaba.

¿Qué cambió en política fiscal?

El tamaño de los programas de gasto rompió el consenso de austeridad vigente desde 2010. La Unión Europea aprobó por primera vez emisión de deuda común a gran escala, algo que en 2019 se consideraba políticamente imposible.

¿Se resolvió la cuestión del origen del coronavirus?

No. La misión conjunta de 2021 tuvo acceso limitado y sus conclusiones fueron cuestionadas por el propio director general de la organización. El sistema internacional carece de un mecanismo para investigar un brote en un Estado que no coopere.

¿Cuál es el balance geopolítico?

Funcionó como acelerador selectivo más que como punto de inflexión: intensificó la rivalidad tecnológica existente y expuso fragilidades conocidas, sin producir el reordenamiento del poder que muchos análisis anticiparon.