Coronavirus, el arma contra la democracia Húngara

Orban discurso

Coronavirus, el arma contra la democracia Húngara

Las tendencias autoritarias y represivas que se viven en Hungría desde la segunda llegada al gobierno del primer ministro Viktor Orbán y su reforma de la constitución de 2013 no son realmente una novedad. Orbán tiene un historial de aprovechar cada crisis internacional para adquirir poder y erosionar la joven democracia húngara y su división de poderes. Estas decisiones estratégicas, son al unísono de crisis humanitarias de gran impacto en el continente europeo, donde sus pares de la UE no pueden perder el tiempo en conformar un frente que sea capaz de evitar la delegación de poder de las instituciones húngaras en la figura de Viktor Orbán. Este carismático líder que ensalza en sus narrativas populistas tendencias autoritarias y de ultraderecha enfocadas en reivindicar la identidad del pueblo de los magiares en contra de cualquier enemigo externo. 

Así que no es casualidad que el día lunes 30 de marzo de 2020 y con la pandemia del coronavirus como telón de fondo, el parlamento Húngaro decidió por una votación de 137 legisladores a favor y 53 en contra, se le otorgó al Primer Ministro ViktorOrbánpoderes extraordinarios, con los cuales puede suspender leyes existentes y gobernar por decreto de forma indefinida. 

El parlamento, como sello de goma del ejecutivo.

El parlamento en teoría podría derogar la “Ley Habilitante” por una mayoría de dos tercios, no obstante el partido político de Orbán, el FIDESZ ostenta la mayoría en el órgano.  Así que en la práctica Orbán gobernará por decreto hasta que el decida lo contrario.

Esta delegación de poderes en el ejecutivo le confiere al gobierno un control sobre la ciudadanía sobre todo lo que considere como “falsedades” o “verdades distorsionadas” con penas de hasta cinco años de prisión. Lo que muchos consideran una herramienta que será utilizada para atacar la libertad de prensa. Pues en Hungría existe la “Ley de Prensa o también conocida como “Ley Mordaza”. 

Observadores y académicos consideran que la “Ley Habilitante” es una estocada a la democracia húngara no obstante el proceso de erosión democrática, en la definición de Cas Mudde (2017), es un proceso que ha tenido diversas facetas, debilitando cada uno de los poderes del estado, la prensa y la sociedad civil, hasta llegar al quiebre democrático. 

Es así que podemos considerar que la reforma de la constitución húngara de 2013 como el principio de erosión a las instituciones pues se introdujo un artículo en defensa del matrimonio tradicional y la identidad húngara junto con un mecanismo de leyes cardinales que permite elevar leyes a nivel constitucional con solo una mayoría de dos tercios de los votos. Así que en la práctica Orbán gobernará por decreto hasta que el decida lo contrario.

Hungría, un régimen híbrido dentro de la Unión Europea.

Los principales expertos en régimen político y calidad democrática consideran que Hungría no es una democracia liberal sino más bien un régimen híbrido. Sin embargo, no hay un consenso sobre su tipología. Viktor Orbán, el propio presidente húngaro, tomó para así el término “democracia iliberal” creado por Fareed Zakaria. Orbán menciona el día 30 de julio de 2014 en un discurso partidario del FIDESZ que:

“un estado liberal, un estado no liberal que no rechaza los principios fundamentales del liberalismo tales como la libertad, y podría listar unos cuantos más, pero no hace esta ideología el elemento central de la organización del estado, sino que, en cambio, incluye un enfoque diferente, especial, nacional”.

No obstante, el propio Fareed Zakaria (1997) argumenta que el concepto es uno que busca explicar la baja calidad democrática luego de la tercera ola de democratización y de cómo existen líderes que no cumplen con los estándares de la democracia liberal, “Supongamos que las elecciones son libres y abiertas y aquellos elegidos son racistas, fascistas y separatistas”.

La Hungría actual es un caso paradigmático de erosión gradual de las instituciones democráticas que se vive actualmente en el mundo, con líderes de la ultraderecha como Andrzej Duda junto a su partido el PiS en Polonia o de populismos de izquierda como el chavismo en Venezuela. Resultado de la crisis del orden liberal y del cual paradójicamente tiene como causa a sus propios líderes electos democráticamente. En este caso Orbán es muy estratégico a la hora de ganar espacios de poder, buscando los momentos certeros en el sistema internacional para evitar la reacción de los órganos comunitarios de la Unión Europea. 

En junio 2015, Cuando estalló la crisis migratoria, Orbán inició la construcción de un cerco antiinmigración de más de 175 km en la frontera húngara con los Balcanes. Securitizadora la cuestión con declaraciones que remarcaban a los migrantes y refugiados prácticamente como enemigos existenciales del estado húngaro. Mientras que febrero de 2016, Orbán anunció un referéndum para promover el rechazo de las cuotas obligatorias de recepción de migrantes, logrando que Hungría solo reciba 1294 refugiados, argumentando que “traería nuevos límites a la identidad étnica, cultural y religiosa de Hungría y Europa, algo que ningún órgano de la UE tiene derecho a realizar”.

El referéndum, solo tuvo una participación del 44%, no alcanzando el 50% aun así tuvo la aprobación de la Corte Suprema de Hungría. De ahí en adelante, el gobierno de Orbán prosiguió con ataques hacia la UE mediante un control de los medios principales en Hungría y contra la figura de George Soros, quien financia a Open Society y a la Universidad Centroeuropea, esta institución en particular tuvo que abandonar su sede de Budapest. Considerándolo un judío traidor y perpetrador de la “ideología de género” que busca erradicar a la familia y al pueblo húngaro. 

Estos ataques derivaron más adelante en la Ley Stop Soros que pudo aprobarse tras una aplastante victoria del FIDESZ en 2018. Con la que cual incluye una enmienda del código penal nacional declarando ilegal que los civiles apoyan a quienes solicitan asilo o residencia mediante fuertes penas de prisión. La normativa fue ampliada con un gravamen del 25% a la financiación de ONGs que promuevan la inmigración. 

Tras esto, muchos organismos internacionales que miden la calidad democrática han comenzado a darse cuenta de esto y a degradar la calificación de Hungría, convirtiendo al país en el primer estado dentro de la Unión Europea en perder la calificación de “país libre” de Freedom House o la de “democracia” de V-Dem. Viktor Orbán se apoya en el sistema electoral para ganar legitimidad y utiliza el apoyo popular para modificar las reglas de juego. Por lo que algunos expertos ya no consideran a Hungría como una democracia electoral o una delegativa, sino como una autocracia electoral. Pero ante esto, ¿Por qué no hay una respuesta contundente del Parlamento Europeo? 

La débil respuesta de la Unión Europea. 

Los líderes de la UE han dado una respuesta tibia ante la situación. Un ejemplo es la presidente de la Comisión Europea, Úrsula VonderLeyen, la cual resultó electa con el apoyo de Orbán y quien ya ha socavado en el pasado los esfuerzos por imponer una mano dura frente al régimen húngaro. Emitió una declaración raquítica en la cual no se mencionan los nombres de Orbán ni de Hungría sólo prometiendo “supervisar, en un espíritu de cooperación, la aplicación de las medidas de emergencia en todos los Estados miembros.”  Por otro lado, un grupo de trece gobiernos de Estados miembros emitió un comunicado conjunto con un tono más fuerte, pero que tampoco menciona al caso húngaro y que tampoco mencionaba ninguna medida de emergencia implementadas por los estados más allá de hacer un llamado al Consejo de Ministros para que se discuta el tema “cuando sea apropiado”. 

En el parlamento las respuestas más contundentes han sido de los miembros del grupo político de Orbán, el Partido Popular Europeo o PPE. Tanto el Partido de Coalición Nacional Finlandés o el Partido Popular Conservador de Dinamarca han pedido la salida de Orbán en el Parlamento Europeo y su expulsión del PPE. Y si bien el CDU, de Angela Merkel, ha sido un defensor del régimen de Orbán, uno de sus posibles sucesores, Norbert Rӧttgen ha considerado la situación actual de Hungría como inaceptable.

El grupo de Visegrad

No obstante, la crisis del coronavirus en Europa nos desvela como una mayoría de estados están limitando los derechos civiles permite una cierta “cobertura mediática” sobre el caso Húngaro. Aun así, Orbán no está solo. 

El grupo de Visegrad, que integra a Chequia, Eslovaquia y Hungría formado desde los años 90´ tras la caída del comunismo en los países del Pacto de Varsovia que nació para coordinar los esfuerzos para integrarse a la UE. Sin embargo hoy es un grupo de presión de estas políticas “liberales” de Orban o del partido polaco Ley y Justicia ( PiS en sus siglas originales) y con Andrzej Duda como su principal exponente, que socavan la democracia no han dejado de avanzar, siendo la pandemia de coronavirus un episodio más tras la crisis de refugiados. 

La analista Gafarova, directora del Instituto Europeo de Estudios y Relaciones Internacionales de Bratislava, capital de Eslovaquia, considera que Orbán “prácticamente ha abolido el parlamento” y que si el dirigente del FIDESZ “ya gobernaba de forma autoritaria” en este mes de abril “se ha institucionalizado como dictador”. Sin embargo, señala que en el futuro “la hora de la verdad llegará cuando todo pase y no puedan usar la emergencia”. 

Monika Brusenbauch Meislová, profesora de la Masaryk University de Brno, en República Checa, añade que Orbán “ya podía hacer lo que quisiera” en Hungría y que el problema estriba en que el premier húngaro “no percibe que corra ningún peligro”. Y recuerda: el pasado 2 de abril el Tribunal de Justicia de Luxemburgo (TJUE) condenó a Hungría, Polonia y Chequia por incumplir los acuerdos de acogida de refugiados en 2015 y no tuvo consecuencias.

En Polonia y República Checa, donde las restricciones de movimientos durante la cuarentena incluyen graves multas y toque de queda, el discurso nacionalista se ha exacerbado por encima de lo habitual, mientras que Eslovaquia vive un cambio de gobierno en el que tendrá un papel decisivo el partido ultraconservador Somos Familia (SME Rodina), que ya antes de la toma de posesión señaló a la inmigración ilegal como presunta culpable de la propagación del virus.

fondo budapest

Las motivaciones de Orbán. 

  • El sector salud. 

El gobierno de Orbán ha hecho una mala gestión y ha invertido insuficientemente en los servicios sanitarios de Hungría, uno de los países más pobres de la UE, desde el 2010. El sistema podría colapsar debido a la tensión causada por la crisis. Al ser un líder que acumula poder en base a la efectividad de su narrativa populista, la divulgación de las carencias en el sector sanitario podría incrementar la oposición en la opinión pública. Silenciar los medios independientes era imperativo para Orbán. 

  • El distanciamiento de los “rebeldes”. 

A su vez, de esta forma logró distanciarse de las medidas de los “rebeldes” del sistema internacional, Bolsonaro, Johnson y Trump, quienes también como Orbán tenían como base de su estrategia la economía y el bienestar del pueblo llano por sobre otras cuestiones. La legitimidad del régimen se apoyaba en el “éxito económico húngaro” pero este relativo éxito podría desvanecerse a causa del coronavirus y el colapso de la inversión extranjera directa. 

  • Las posibles medidas de la UE. 

Con un enemigo externo, en el caso de Orbán la UE. Irónicamente su principal benefactora, pues sus políticas se retroalimentan de partidas presupuestarias de la UE. La UE previamente a la crisis del coronavirus buscaba limitar la capacidad de desviar sus subsidios hacia sus “amigos” del partido mediante la una nueva “condición de estado de derecho” en el siguiente presupuesto de la UE. 

  • El control sobre el sector privado. 

En vista a conseguir financiamiento, como Péter Krekar ha indicado, el gobierno de Orbán ha constituido una “fuerza operativa militar para supervisar las operaciones de las 140 empresas que suministran servicios esenciales”. Buscando obtener derechos de propiedad sobre las empresas que el gobierno rescate.

Aparentemente y con todo lo mencionado sobre la mesa, dada las experiencias del pasado, es probable que la mayoría de los líderes del PPE apoyen al gobierno de Orbán. Si bien la expulsión del grupo es una probabilidad, Orbán percibe que puede resistir aun si el apoyo de sus mecenas del PPE. Ha cultivado una fructífera relación con el PiS, partido gobernante en Polonia, lo que permite a ambos gobiernos evadir sanciones del Parlamento Europeo y con otros partidos de ultraderecha como La Lega, dirigida por Matteo Salvini, líder populista de perfil xenófobo y euroescéptico. 

Gafarova de Bratislava considera que en este sentido “Las tendencias liberales como las de Orbán continuarán después de la pandemia”, explicando que todo dependera a que se pueda volver a una situación de normalización donde la economía pueda repuntar, nos encontraremos un mayor descontento social que puede ser capitalizado por el líder populista de turno “si las consecuencias económicas del parón de la economía llevan a un mayor descontento social”. En cuanto a la cooperación entre los países de Visegrado “tengo pocas ilusiones. Aunque sea un poder regional dentro de la UE, cada país ha demostrado poner por delante sus propios intereses.

Autor: Leonardo Cabral, 23 años, es Estudiante avanzado de Plan Conjunto en Gobierno y Relaciones Internacionales, Política y Administración Pública en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y colaborador en Comité de Medio Oriente en Consejo Argentino de Relaciones Internacionales

 

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