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El mapa lingüístico de la Unión Europea: las 24 lenguas oficiales
Veinticuatro lenguas oficiales, tres alfabetos y un régimen que obliga a traducir cada norma a todas ellas. Cómo se formó ese mapa, por qué el irlandés tardó cincuenta años en entrar y qué pasó con el inglés tras el Brexit.
La Unión Europea reconoce veinticuatro lenguas oficiales y funciona con un principio poco habitual en organizaciones internacionales: toda la legislación se publica en todas ellas y cada versión tiene el mismo valor jurídico. No hay original y traducciones; hay veinticuatro textos auténticos.
Ese régimen procede del primer reglamento adoptado por la Comunidad Económica Europea, el Reglamento n.º 1 de 1958, que fijó cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y neerlandés) y estableció la regla que sigue vigente: cada Estado que se adhiere designa la lengua o lenguas que quiere incorporar, y la incorporación requiere unanimidad del Consejo.
Cómo se formó el mapa
El mapa lingüístico creció con cada ampliación. Cuatro lenguas en 1958, seis tras la entrada de Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973 —inglés y danés—, y sucesivos añadidos con Grecia, España y Portugal en los años ochenta.
El salto mayor llegó en 2004, cuando la adhesión de diez Estados incorporó nueve lenguas de una vez: checo, eslovaco, esloveno, estonio, húngaro, letón, lituano, maltés y polaco. Búlgaro y rumano entraron en 2007, y el croata en 2013.
Hay un caso singular. El irlandés era lengua de los tratados desde 1973 pero no lengua de trabajo plena: Irlanda no la designó en su adhesión, en parte por la falta de traductores cualificados. Obtuvo estatus oficial en 2007 con una excepción temporal que limitaba el volumen de traducción obligatoria, y esa excepción no se levantó por completo hasta enero de 2022, casi cincuenta años después.
Las veinticuatro y qué familias representan
El conjunto agrupa lenguas de tres grandes ramas indoeuropeas y dos casos fuera de ellas.
Las germánicas son el alemán, el neerlandés, el danés, el sueco y el inglés. Las romances, el español, el francés, el italiano, el portugués y el rumano. Las eslavas, el búlgaro, el checo, el croata, el eslovaco, el esloveno y el polaco. A ellas se suman el griego, que forma rama propia; el irlandés, de la rama celta; y el letón y el lituano, únicos supervivientes de la rama báltica.
Fuera del indoeuropeo quedan tres. El estonio, el finés y el húngaro pertenecen a la familia urálica, y el maltés es la única lengua oficial de la Unión de origen semítico: procede del árabe, se escribe en alfabeto latino y ha incorporado un léxico amplio del siciliano y del italiano.
También conviven tres alfabetos: el latino en la mayoría, el griego, y el cirílico desde la entrada de Bulgaria en 2007. Esa incorporación obligó a añadir una tercera grafía a los billetes de euro, donde figura «ЕВРО» junto a «EURO» y «ΕΥΡΩ».
Lenguas oficiales de la Unión y lenguas de trabajo
Conviene distinguir dos planos que a menudo se confunden.
Las veinticuatro son oficiales en sentido pleno: el Diario Oficial se publica en todas, cualquier ciudadano puede dirigirse a las instituciones en la suya y recibir respuesta en ella, y los eurodiputados pueden intervenir en cualquiera con interpretación simultánea.
En la práctica administrativa, sin embargo, la Comisión trabaja de forma habitual en tres lenguas de procedimiento (inglés, francés y alemán) y la mayor parte de los documentos preparatorios circula en inglés. El Tribunal de Justicia delibera en francés, una convención heredada que se mantiene con independencia de la lengua del procedimiento.
El coste del régimen multilingüe suele citarse en torno al 1 % del presupuesto de la Unión, cifra que las instituciones defienden como el precio de que el derecho aplicable a un ciudadano esté disponible en su idioma.
Qué pasó con el inglés tras el Brexit
Cuando Reino Unido abandonó la Unión en 2020 circuló la idea de que el inglés perdería su condición oficial. No ocurrió, y la razón es procedimental: Irlanda designó el irlandés en su adhesión y Malta designó el maltés, de modo que ningún Estado miembro tiene el inglés como su lengua notificada. Sin embargo, retirar una lengua del reglamento exigiría unanimidad del Consejo, y esa unanimidad no existe.
El resultado paradójico es que el inglés siguió siendo lengua oficial y ganó peso como lengua de trabajo. Al dejar de ser la lengua materna de un Estado grande, se convirtió en terreno más neutral: ningún país lo percibe ya como vehículo de la influencia de otro.
Las lenguas que quedan fuera del mapa
El mapa oficial no coincide con el mapa real de lenguas habladas en el territorio. Hay idiomas con millones de hablantes que no tienen estatus oficial en la Unión porque su Estado no los ha designado.
El catalán, el gallego y el euskera tienen desde 2005 un régimen intermedio: los ciudadanos pueden dirigirse a algunas instituciones en esas lenguas a través de la administración española, que asume la traducción, pero no son lenguas oficiales de la Unión. España ha solicitado formalmente su reconocimiento pleno, una decisión que requiere unanimidad.
Otras lenguas en situación análoga son el galés, el bretón, el sardo, el frisón, el occitano o el corso. Y hay dos casos transversales: el romaní, hablado por comunidades gitanas en la mayoría de los Estados miembros sin territorio de referencia, y el luxemburgués, que es lengua nacional de un Estado miembro pero que Luxemburgo no designó como oficial de la Unión, al haber optado por el francés y el alemán.
La Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, que protege muchas de ellas, es un instrumento del Consejo de Europa, una organización distinta y más amplia, no de la Unión Europea.
El multilingüismo como principio
Más allá de la mecánica, el régimen expresa una decisión política: la Unión no adoptó una lengua franca oficial ni jerarquizó las de sus miembros. Ese diseño reconoce que la lengua es un elemento identitario de primer orden y que imponer una habría convertido la integración en una cuestión de soberanía cultural.
El precio es un aparato de traducción e interpretación considerable y un número de combinaciones lingüísticas que crece de forma cuadrática con cada ampliación. La compensación es que ninguna adhesión ha requerido nunca que un Estado renunciara a su lengua para entrar.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas lenguas oficiales tiene la Unión Europea?
Veinticuatro. Toda la legislación se publica en todas ellas y cada versión tiene el mismo valor jurídico: no hay un texto original y traducciones, sino veinticuatro textos auténticos.
¿Cuáles son?
Alemán, búlgaro, checo, croata, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, finés, francés, griego, húngaro, inglés, irlandés, italiano, letón, lituano, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano y sueco.
¿Sigue siendo oficial el inglés tras el Brexit?
Sí. Retirar una lengua del reglamento exigiría unanimidad del Consejo y esa unanimidad no existe. En la práctica el inglés ganó peso como lengua de trabajo al dejar de asociarse a un Estado miembro concreto.
¿Por qué el irlandés tardó tanto en ser lengua de trabajo?
Irlanda no lo designó en su adhesión de 1973, en parte por falta de traductores cualificados. Obtuvo estatus oficial en 2007 con una excepción que limitaba el volumen de traducción, y esa excepción no se levantó del todo hasta enero de 2022.
¿Es el catalán lengua oficial de la Unión Europea?
No. Desde 2005 existe un régimen intermedio que permite dirigirse a algunas instituciones en catalán, gallego o euskera a través de la administración española, que asume la traducción. El reconocimiento pleno requiere unanimidad del Consejo y España lo ha solicitado formalmente.
¿Qué lengua oficial no es indoeuropea?
Cuatro no lo son. El estonio, el finés y el húngaro pertenecen a la familia urálica, y el maltés es de origen semítico: procede del árabe y se escribe en alfabeto latino.
¿Cuántos alfabetos se usan?
Tres: el latino en la mayoría de las lenguas, el griego y el cirílico, incorporado con la adhesión de Bulgaria en 2007. Por eso los billetes de euro llevan las tres grafías.
¿En qué lenguas trabaja realmente la Comisión?
Habitualmente en inglés, francés y alemán como lenguas de procedimiento, con la mayor parte de los documentos preparatorios en inglés. El Tribunal de Justicia delibera en francés por convención heredada.
¿Cuánto cuesta el multilingüismo?
Las estimaciones lo sitúan en torno al 1 % del presupuesto de la Unión. Las instituciones lo defienden como el precio de que el derecho aplicable a un ciudadano esté disponible en su propio idioma.
¿Por qué el luxemburgués no es lengua oficial de la Unión?
Porque Luxemburgo no lo designó: optó por el francés y el alemán. Es lengua nacional de un Estado miembro sin estatus oficial en la Unión, un caso inverso al del irlandés.