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El petróleo de Irán y China: el acuerdo de 25 años y las sanciones
Un país con las mayores reservas combinadas de gas y petróleo del mundo, excluido del sistema financiero internacional, exporta casi todo su crudo a un solo comprador con descuento. Cómo funciona ese circuito.
Irán ocupa una posición energética singular: sumando reservas de petróleo y de gas natural, es uno de los países mejor dotados del planeta. Al mismo tiempo, su producción y su exportación han estado limitadas durante décadas por sanciones, y su cuota de mercado es una fracción de la que su geología permitiría.
Esa combinación de recursos abundantes y acceso restringido define toda su política energética exterior.
El efecto de las sanciones
Antes de 2018, la exportación iraní se recuperó de forma notable gracias al acuerdo nuclear. Con la retirada estadounidense y la reimposición de sanciones (en particular las secundarias, que afectan a compradores de terceros países) los volúmenes oficiales cayeron drásticamente y los compradores tradicionales, entre ellos varias refinerías europeas y asiáticas, se retiraron.
Lo que no ocurrió fue el cese de la exportación. El comercio se reorganizó fuera de los circuitos habituales mediante un conjunto de prácticas ampliamente documentadas: transferencias de carga de buque a buque en alta mar, desconexión de los transpondedores de identificación automática, mezcla del crudo iraní con el de otros orígenes para reetiquetarlo, y uso de una flota de petroleros antiguos con propiedad opaca y seguros no occidentales, la llamada flota en la sombra.
El coste de esas prácticas se traduce en un descuento sobre el precio de referencia, además del coste logístico añadido. El resultado es que Irán vende, pero vende peor.
China como comprador único
La consecuencia de esa reorganización es una concentración extrema. La mayor parte del crudo iraní exportado tiene hoy como destino China, y en buena medida no las grandes refinerías estatales —expuestas al sistema financiero internacional— sino refinerías independientes de menor tamaño, conocidas en el sector como teapots, con menos exposición exterior.
En marzo de 2021, ambos países firmaron un acuerdo de cooperación estratégica a veinticinco años. Su contenido no se publicó íntegramente, y las cifras de inversión que circularon (del orden de cientos de miles de millones de dólares) no han tenido correspondencia con los flujos reales documentados desde entonces.
Ese desfase entre anuncio y ejecución es la clave del asunto. El acuerdo funciona en la práctica como un marco político y como una garantía de que existe un comprador, más que como un programa de inversión. Y la relación es marcadamente asimétrica: Irán necesita el mercado chino mucho más de lo que China necesita el crudo iraní, que representa una parte modesta de sus importaciones totales y que puede sustituir por saudí, ruso o de otros orígenes.
Esa asimetría se traduce en precio, en condiciones de pago (parte del comercio se liquida en yuanes o mediante intercambio por bienes y servicios) y en capacidad de negociación.
Los corredores terrestres
La otra dimensión del asunto es geográfica. Irán ocupa el punto donde se cruzan dos ejes de transporte continentales.
El primero es el este-oeste, el que asocia el nombre de ruta de la seda: los corredores que unen China con Turquía y Europa a través de Asia Central. Irán ofrece una alternativa a las rutas que atraviesan Rusia, especialmente relevante desde 2022.
El segundo es el corredor internacional de transporte norte-sur, que enlaza India con Rusia y el norte de Europa a través del puerto iraní de Chabahar, en el golfo de Omán, y de la red ferroviaria y viaria iraní. India ha invertido en Chabahar precisamente porque le ofrece acceso a Asia Central y a Afganistán sin pasar por territorio pakistaní.
El corredor tiene una lógica sólida y un problema práctico: exige inversión en infraestructura ferroviaria que las sanciones dificultan financiar, y varios tramos siguen sin completarse pese a llevar años anunciados.
Qué limita la posición iraní
Tres factores acotan lo que Irán puede obtener de sus recursos.
El primero es la inversión. Los yacimientos maduros requieren tecnología de recuperación mejorada que las grandes compañías internacionales podrían aportar y que no aportan mientras las sanciones estén vigentes. La producción está por debajo de su potencial y el declive de los campos antiguos se acelera.
El segundo es el consumo interno. Irán subvenciona fuertemente la energía doméstica, lo que dispara la demanda interna de gas y combustibles y reduce el excedente exportable. Los intentos de reducir esas subvenciones han provocado protestas en varias ocasiones, la más grave en noviembre de 2019.
El tercero es Yamairán (el yacimiento de gas compartido con Catar bajo el golfo Pérsico, el mayor del mundo). Catar lo explota desde hace décadas con tecnología internacional y una industria de gas licuado que lo convirtió en uno de los mayores exportadores mundiales. Irán, con la misma reserva bajo sus pies, no ha podido desarrollar una capacidad equivalente.
Ese contraste entre dos países que comparten literalmente el mismo yacimiento es la ilustración más clara del efecto acumulado de cuatro décadas de aislamiento.
Preguntas frecuentes
¿Qué reservas energéticas tiene Irán?
Sumando petróleo y gas natural es uno de los países mejor dotados del planeta, aunque su producción y exportación están muy por debajo de lo que su geología permitiría.
¿Dejó de exportar petróleo con las sanciones?
No. El comercio se reorganizó fuera de los circuitos habituales: transferencias de buque a buque, desconexión de transpondedores, mezcla del crudo con otros orígenes y una flota de petroleros con propiedad opaca y seguros no occidentales.
¿Qué es la «flota en la sombra»?
El conjunto de petroleros antiguos con propiedad opaca y aseguramiento fuera de los mercados occidentales que transporta crudo sujeto a sanciones. Su uso encarece la operación y se traduce en un descuento sobre el precio de referencia.
¿Adónde va el crudo iraní?
Mayoritariamente a China, y en buena medida a refinerías independientes de menor tamaño, los llamados teapots, con menos exposición al sistema financiero internacional que las grandes estatales.
¿Qué es el acuerdo de veinticinco años con China?
Un pacto de cooperación estratégica firmado en marzo de 2021 cuyo contenido no se publicó íntegramente. Las cifras de inversión que circularon no han tenido correspondencia con los flujos reales, y funciona sobre todo como marco político.
¿Es equilibrada la relación entre Irán y China?
No. Irán necesita el mercado chino mucho más de lo que China necesita su crudo, que es una parte modesta de sus importaciones y sustituible. Esa asimetría se traduce en precio y en condiciones de pago.
¿Qué es el corredor norte-sur?
La ruta que enlaza India con Rusia y el norte de Europa a través del puerto iraní de Chabahar y la red terrestre iraní. India ha invertido en él porque le da acceso a Asia Central sin pasar por territorio pakistaní.
¿Por qué Catar explota mejor el gas compartido?
Porque ha desarrollado el yacimiento con tecnología internacional y una industria de gas licuado que lo convirtió en gran exportador. Irán, con la misma reserva bajo sus pies, no ha podido hacerlo por el aislamiento financiero y tecnológico.