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Al Baghdadi: qué fue del Estado Islámico tras la muerte de su líder
El líder del Estado Islámico murió en 2019, cuando la organización ya había perdido todo su territorio. Seis años después sigue operando, y lo hace de una forma que el modelo territorial nunca previó.
Abu Bakr al Baghdadi murió en octubre de 2019 durante una operación de fuerzas especiales estadounidenses en la provincia siria de Idlib, en una zona controlada por facciones rivales de la suya. Detonó un chaleco explosivo al verse acorralado.
Para entonces, el Estado Islámico ya había perdido la totalidad del territorio que llegó a administrar. Su muerte no fue el final de la organización sino la confirmación de un cambio de forma que se había producido antes.
Qué había sido el califato
La organización tiene raíces anteriores: surgió de Al Qaeda en Irak, activa desde la invasión de 2003, y se reconstituyó aprovechando dos vacíos simultáneos: la guerra civil siria y la marginación de la población suní iraquí tras la retirada estadounidense de 2011.
En junio de 2014 tomó Mosul, la segunda ciudad de Irak, con una fuerza muy inferior a la guarnición que la defendía, y proclamó un califato sobre un territorio a caballo entre los dos países. Al Baghdadi apareció públicamente en la Gran Mezquita de Al Nuri, en una de las pocas apariciones documentadas de su vida.
Lo que distinguió a esa organización de sus predecesoras fue precisamente la administración: recaudaba impuestos, gestionaba tribunales, emitía documentación, explotaba campos petrolíferos y controlaba una población que las estimaciones sitúan en varios millones de personas. Esa condición estatal fue su principal instrumento de reclutamiento internacional y, a la vez, su vulnerabilidad: un territorio se puede bombardear y recuperar.
La campaña de la coalición internacional, con las fuerzas iraquíes y las milicias kurdosirias como componente terrestre, recuperó Mosul en 2017 y Raqa el mismo año. La última bolsa territorial, en Baghuz, cayó en marzo de 2019.
Qué vino después
La organización no desapareció; volvió al formato del que había salido.
En Irak y Siria opera como insurgencia rural, con células en zonas desérticas y montañosas, atentados contra fuerzas de seguridad y extorsión a agricultores y transportistas. Su ritmo de actividad es muy inferior al de 2014 y persistente.
Un asunto pendiente de esa fase es el de los campos del noreste sirio, donde permanecen decenas de miles de personas —en su mayoría mujeres y menores vinculados a antiguos combatientes— en condiciones que las agencias humanitarias describen como críticas. Muchos Estados de origen se han resistido a repatriar a sus nacionales, y esos campos funcionan como espacio de socialización de una generación entera.
Las filiales
El desplazamiento más relevante ha sido geográfico. Las ramas que hoy concentran la mayor actividad no están en Oriente Medio.
En el Sahel, la filial del Gran Sáhara opera en la zona de las tres fronteras entre Malí, Níger y Burkina Faso, en competencia con grupos vinculados a Al Qaeda. La región se ha convertido en la de mayor número de víctimas por terrorismo del mundo según los índices que lo miden.
En África occidental y central, la rama de la provincia de África Occidental es hoy el actor dominante en la cuenca del lago Chad, y grupos afiliados operan en Mozambique y en la República Democrática del Congo.
En Afganistán, la filial conocida como ISIS-K es el enemigo declarado tanto de los talibanes como de las potencias occidentales, y ha reivindicado atentados de gran escala fuera de la región, entre ellos el de Kerman en Irán y el de la sala de conciertos de Moscú, ambos en 2024.
Esa dispersión hace el fenómeno más difícil de medir y de combatir: no hay capital que tomar ni frente que cerrar.
La sucesión y el liderazgo
Tras Al Baghdadi, la organización ha nombrado varios líderes sucesivos, y la mayoría ha muerto en un plazo relativamente corto. Ese patrón revela dos cosas.
La primera es la eficacia de la vigilancia y de las operaciones dirigidas contra dirigentes. La segunda, más relevante, es que la organización ha demostrado que no depende de un líder carismático: la sucesión se produce con rapidez y la actividad no se interrumpe.
Es la lección que el caso deja para la política antiterrorista. La eliminación de dirigentes produce efectos tácticos comprobables y no resuelve la cuestión de fondo, porque las condiciones que permitieron el ascenso de 2014 (vacío estatal, marginación de comunidades enteras, conflictos abiertos sin salida política) siguen presentes en varias de las regiones donde el grupo opera hoy.
Preguntas frecuentes
¿Cómo murió Al Baghdadi?
En octubre de 2019, durante una operación de fuerzas especiales estadounidenses en la provincia siria de Idlib. Detonó un chaleco explosivo al verse acorralado.
¿Cuándo proclamó el Estado Islámico su califato?
En junio de 2014, tras la toma de Mosul. Al Baghdadi lo anunció desde la Gran Mezquita de Al Nuri en una de las pocas apariciones públicas documentadas de su vida.
¿Qué distinguía al Estado Islámico de otras organizaciones?
La administración territorial: recaudaba impuestos, gestionaba tribunales, emitía documentación y explotaba campos petrolíferos sobre una población de varios millones. Eso fue su instrumento de reclutamiento y también su vulnerabilidad.
¿Cuándo perdió el Estado Islámico su territorio?
Mosul y Raqa cayeron en 2017 y la última bolsa territorial, en Baghuz, en marzo de 2019, meses antes de la muerte de su líder.
¿Sigue existiendo el Estado Islámico?
Sí, como insurgencia rural en Irak y Siria y a través de filiales en el Sahel, la cuenca del lago Chad, Mozambique, la República Democrática del Congo y Afganistán.
¿Qué es el ISIS-K?
La filial afgana, enemiga declarada tanto de los talibanes como de las potencias occidentales. Reivindicó atentados de gran escala fuera de la región, entre ellos los de Kerman en Irán y la sala de conciertos de Moscú en 2024.
¿Qué pasa con los campos del noreste sirio?
Permanecen decenas de miles de personas, en su mayoría mujeres y menores vinculados a antiguos combatientes, en condiciones críticas. Muchos Estados de origen se resisten a repatriar a sus nacionales.
¿Sirve eliminar a los líderes del Estado Islámico?
Produce efectos tácticos comprobables pero no resuelve el fondo. La organización ha nombrado varios sucesores tras cada muerte sin interrumpir su actividad, y las condiciones que permitieron su ascenso siguen presentes en varias regiones.