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El conflicto palestino-israelí: de dónde viene y por qué no se cierra
Más de un siglo de reclamaciones sobre el mismo territorio, cuatro mapas sucesivos y una lista de asuntos —fronteras, Jerusalén, refugiados, asentamientos— que ninguna negociación ha logrado cerrar.
El conflicto palestino-israelí es una disputa por el mismo territorio entre dos movimientos nacionales, cada uno con una reclamación que considera fundada y excluyente. Esa formulación, deliberadamente seca, es la que permite entender por qué más de un siglo de guerras, planes de partición y negociaciones no ha producido un arreglo estable.
Conviene descartar de entrada una simplificación frecuente: la de que se trata de un conflicto religioso ancestral. Árabes, judíos y cristianos convivieron en la región durante siglos bajo dominio otomano sin nada parecido a la confrontación actual. El conflicto es contemporáneo y nacional, y arranca con la aparición de dos nacionalismos modernos sobre el mismo suelo a finales del siglo XIX.
El origen: mandato británico y dos promesas
El movimiento sionista, organizado a partir del Congreso de Basilea de 1897, planteó la creación de un hogar nacional judío en Palestina como respuesta al antisemitismo europeo. Al mismo tiempo se desarrollaba un nacionalismo árabe que aspiraba a la independencia de las provincias otomanas.
Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido hizo compromisos difíciles de conciliar: alentó la revuelta árabe contra los otomanos con perspectivas de independencia, acordó con Francia el reparto de la región en el acuerdo Sykes-Picot de 1916, y emitió en 1917 la Declaración Balfour, que expresaba su apoyo al establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina.
Terminada la guerra, la Sociedad de Naciones otorgó a Londres el mandato sobre Palestina. La inmigración judía creció, especialmente durante los años treinta con el ascenso del nazismo, y con ella la tensión. La gran revuelta árabe de 1936-1939 fue reprimida y llevó al Reino Unido a restringir la inmigración justo cuando la persecución en Europa alcanzaba su punto máximo.
1947-1949: partición, guerra y Nakba
En noviembre de 1947, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el plan de partición: dos Estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. El liderazgo sionista lo aceptó; el árabe lo rechazó, por considerar que asignaba más del 55 % del territorio a una población que era minoritaria y poseía una fracción mucho menor de la tierra.
Israel declaró su independencia en mayo de 1948 y los Estados árabes vecinos intervinieron. La guerra terminó en 1949 con un resultado muy distinto al plan: Israel controlaba alrededor del 78 % del territorio del mandato, Jordania administraba Cisjordania y Egipto la franja de Gaza. No hubo Estado árabe palestino.
Alrededor de 700.000 palestinos abandonaron o fueron expulsados de sus hogares, en lo que se conoce como la Nakba —«catástrofe»—, y no se les permitió regresar. Naciones Unidas creó la agencia UNRWA para atenderlos, y su estatus de refugiados se transmitió a los descendientes: hoy los registrados superan los cinco millones. En sentido inverso, cientos de miles de judíos abandonaron países árabes en los años siguientes y se establecieron mayoritariamente en Israel.
1967: el mapa que sigue vigente
La guerra de los Seis Días, en junio de 1967, produjo el mapa que estructura el conflicto actual. Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén Este, la franja de Gaza, la península del Sinaí y los Altos del Golán.
La resolución 242 del Consejo de Seguridad estableció el principio de retirada de territorios ocupados a cambio de paz. Sobre esa base se construyó la fórmula de los dos Estados con las fronteras anteriores a 1967 como referencia.
Solo una parte se ejecutó: el Sinaí fue devuelto a Egipto tras los acuerdos de Camp David de 1978 y el tratado de paz de 1979. El Golán fue anexionado por Israel en 1981, algo que la comunidad internacional no reconoce. Cisjordania y Gaza siguen sin estatus definitivo.
Oslo y lo que quedó a medias
La primera Intifada, iniciada en 1987, y el fin de la Guerra Fría abrieron una ventana negociadora. Los Acuerdos de Oslo de 1993 y 1995 supusieron el reconocimiento mutuo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina y crearon la Autoridad Nacional Palestina como administración transitoria.
Oslo dividió Cisjordania en tres áreas: la A, bajo control civil y de seguridad palestino; la B, con control civil palestino y de seguridad israelí; y la C, bajo control israelí completo, que abarca cerca del 60 % del territorio e incluye los recursos hídricos y la mayor parte del suelo edificable.
Ese reparto se concibió como transitorio para cinco años y sigue vigente tres décadas después. Los llamados asuntos de estatuto final (fronteras, Jerusalén, refugiados, asentamientos, seguridad y agua) se aplazaron a una negociación posterior que nunca concluyó.
Los cinco nudos
Fronteras. La referencia internacional son las líneas de 1967 con intercambios de terreno acordados. La dificultad es que la geografía real de Cisjordania, con asentamientos, carreteras de acceso y la barrera de separación, ya no es fácilmente compatible con un territorio contiguo.
Jerusalén. Ambas partes la reclaman como capital. Israel la considera su capital indivisible; los palestinos reclaman Jerusalén Este. La Explanada de las Mezquitas, sagrada para el islam y para el judaísmo, se rige por un statu quo cuya alteración ha desencadenado violencia en repetidas ocasiones.
Refugiados. Los palestinos invocan el derecho al retorno recogido en la resolución 194. Israel lo rechaza porque su aplicación plena alteraría la composición demográfica del Estado.
Asentamientos. La población israelí en Cisjordania y Jerusalén Este supera hoy las 700.000 personas. La mayor parte de la comunidad internacional los considera contrarios al derecho internacional; Israel discrepa de esa calificación.
Seguridad. Israel exige garantías sobre la desmilitarización y el control de fronteras de un futuro Estado palestino; los palestinos consideran que esas exigencias vacían de contenido la soberanía.
La fractura palestina y la fase actual
En 2006, Hamás ganó las elecciones legislativas palestinas y en 2007 tomó el control de Gaza tras un enfrentamiento armado con Fatah. Desde entonces existen dos administraciones separadas: la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y Hamás en Gaza, sin elecciones generales desde entonces.
Gaza quedó sometida a un bloqueo israelí y egipcio y ha sido escenario de sucesivas rondas de enfrentamiento. El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra localidades del sur de Israel, con alrededor de 1.200 muertos y unos 250 secuestrados, desencadenó la ofensiva israelí más destructiva del conflicto: decenas de miles de muertos según las autoridades sanitarias locales, la mayor parte de la población desplazada y una destrucción de infraestructura casi total.
El episodio reactivó procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, y devolvió el expediente al centro de la agenda internacional tras años en que se había asumido que podía gestionarse indefinidamente sin resolverlo.
Por qué no se cierra
Tres factores explican la persistencia por encima de los detalles de cada ronda negociadora.
El primero es que las posiciones máximas de cada parte son incompatibles y las mínimas también han resultado serlo hasta ahora: no ha existido una zona de acuerdo posible que ambos liderazgos pudieran vender a sus respectivas sociedades.
El segundo es la asimetría. No se negocia entre iguales, sino entre un Estado consolidado y una entidad sin soberanía, lo que hace que el paso del tiempo no sea neutral: modifica los hechos sobre el terreno.
El tercero es que ambas sociedades han perdido confianza en la negociación como método. El fracaso de Camp David en 2000 y la violencia de la segunda Intifada dejaron en cada lado la conclusión de que el otro no era un interlocutor fiable, y esa conclusión se ha reforzado con cada ciclo posterior.
Preguntas frecuentes
¿Es el conflicto palestino-israelí un conflicto religioso?
No en su origen. Es una disputa territorial entre dos nacionalismos modernos surgidos a finales del siglo XIX. La dimensión religiosa se ha intensificado con el tiempo, sobre todo en torno a Jerusalén, pero no explica el origen.
¿Qué fue la Declaración Balfour?
Una carta del gobierno británico de 1917 que expresaba su apoyo al establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina, emitida mientras Londres mantenía compromisos paralelos con el nacionalismo árabe y con Francia.
¿Qué proponía el plan de partición de 1947?
Dos Estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional. El liderazgo sionista lo aceptó y el árabe lo rechazó por asignar más del 55 % del territorio a la población minoritaria.
¿Qué es la Nakba?
El desplazamiento de alrededor de 700.000 palestinos durante la guerra de 1948, a quienes no se permitió regresar. Naciones Unidas creó la agencia UNRWA para atenderlos y su estatus se transmitió a los descendientes.
¿Por qué es tan importante 1967?
Porque la guerra de los Seis Días produjo el mapa vigente: Israel ocupó Cisjordania, Jerusalén Este, Gaza, el Sinaí y el Golán. Las líneas anteriores a esa guerra son la referencia internacional para cualquier solución de dos Estados.
¿Qué establecieron los Acuerdos de Oslo?
El reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP y la creación de la Autoridad Nacional Palestina como administración transitoria, con Cisjordania dividida en áreas A, B y C. Se concibió para cinco años y sigue vigente tres décadas después.
¿Qué es el Área C?
La zona de Cisjordania bajo control israelí completo según Oslo. Abarca cerca del 60 % del territorio e incluye los recursos hídricos y la mayor parte del suelo edificable.
¿Cuáles son los asuntos de estatuto final?
Fronteras, Jerusalén, refugiados, asentamientos, seguridad y agua. Oslo los aplazó a una negociación posterior que nunca llegó a concluirse.
¿Por qué hay dos administraciones palestinas?
Porque Hamás ganó las elecciones legislativas de 2006 y tomó el control de Gaza en 2007 tras un enfrentamiento armado con Fatah. Desde entonces la Autoridad Nacional Palestina administra Cisjordania y Hamás administra Gaza, sin elecciones generales.
¿Sigue siendo viable la solución de dos Estados?
Es la fórmula que sigue respaldando la mayor parte de la comunidad internacional, pero su viabilidad práctica se discute: la población israelí en Cisjordania y Jerusalén Este supera las 700.000 personas y la geografía resultante dificulta un territorio palestino contiguo.