Soleimani, la clave de Teheran

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Soleimani, la clave de Teheran

En los últimos años se ha podido apreciar una creciente expansión de la influencia de Irán en la zona de Oriente Medio y también en la Península Arábiga. Este actor se ha convertido en el gran antagonista de Estados Unidos.

Durante el mandato de Trump se ha podido observar una instrumentalización de la rivalidad con la potencia persa. El presidente Donald Trump ha dejado clara su postura en las relaciones internacionales con dicho país. El enfriamiento y distanciamiento entre Estados Unidos e Irán se inicia con la salida unilateral del pacto nuclear en 2018 por parte de la administración Trump. Las nuevas sanciones económicas hacia Irán y los altercados en el estrecho de Ormuz no han hecho más que tensar estas relaciones. Pero, el punto de inflexión fue el asesinato de Qassem Soleimani abatido por un dron norteamericano el día 3 de enero de 2020. Qassem Soleimani era el gran estratega e ideólogo de la expansión iraní por toda la región.

Soleimani era el comandante de la Fuerza Quds, una rama de la Guardia Revolucionaria iraní que tiene subordinación directa con el líder espiritual y fue creada para proporcionar asistencia militar a milicias y fuerzas armadas aliadas en el extranjero.

Soleimani fue capaz de crear una zona de influencia en Afganistán, Líbano, Irak, Siria e Yemen. Durante sus años al mando de la Fuerza Quds, este grupo promovió y alentó las guerras proxys y los enfrentamientos entre la población de un mismo país. El objetivo de esta estrategia era avivar las tensiones creando un conflicto interno; incapacitando, así, a los gobiernos para crear una zona de vacío de poder y abrir una ventana de oportunidad para expandir la influencia iraní.

En sus primeros años como comandante, Soleimani, dirigió los esfuerzos de Hezbolá contra la ocupación militar israelí en el Líbano, pero fue en Afganistán donde su figura adquirió notoriedad en la lucha contra el tráfico de drogas.  En 2003, durante la segunda guerra del Golfo, ayudó y formó a guerrillas iraníes para ser enviadas a Irak y prestar apoyo a los grupos chiíes que estaban combatiendo contra los soldados norteamericanos. Asimismo, inició una campaña para avivar las tensiones entre sunnitas y chiitas para generar una mayor desestabilización.  El objetivo era asegurarse un Irak débil abierto a las influencias de Irán y que no supusiera una amenaza a sus propios intereses.

MAjor Soleimani

En los tres países comentados anteriormente, la estrategia seguida fue la misma. Primero identificar milicias o grupos chiíes y por ende pro iraníes dentro del país. Posteriormente, se les presta ayuda a nivel táctico y militar con el fin de llevar a cabo acciones de desestabilización para lograr un país más propenso a los intereses de Irán, pero también un país amigo donde poder establecer una base y una red de apoyo.

En 2015 Soleimani, el hombre que trabajaba en la sombra se convierte en una figura popular y en un símbolo mediático para el país. Este cambio de visibilidad responde a una necesidad de buscar una mayor adhesión hacia el régimen, pero también, a la voluntad de crear un mito.  Su popularidad alcanzó tal fama que se rumoreaba que se quería presentar como candidato a las elecciones de 2021.

En 2015 con DAESH implantado en Siria e Irak, Soleimani asumió el control personal de la intervención en dichos países. En Siria ayudó a formar las Fuerzas de Defensa Nacional, además fue el estratega de Bashar Al-Asad y diseñó la ofensiva coordinada con Rusia. Su intervención fue decisiva en Mosul y Tikrit. En Irak ayudó a reorganizar las fuerzas militares iraquíes y consolidó las milicias proiraníes quienes en 2019 protagonizaron un intento de asalto a la embajada de Estados Unidos en Bagdad. Este hecho juntamente con el bombardeo a una base norteamericana en Irak que dejó un muerto por parte de milicias chiitas, propició que el presidente Trump decidiera acabar con la figura de Qassem Soleiamni. Para Israel y también para Estados Unidos ya era percibido como responsable de exportar la revolución islámica.

Tanto Afganistán, Líbano, Irak, Siria y, recientemente, Yemen tienen como denominador común que tradicionalmente han sido enclaves estratégicos en la política exterior de Irán. La presencia de población chiitas ha legitimado la implantación de grupos armados chiitas. Además, estos países están azotados por la inestabilidad y el caos.

En dichos países, Irán ha configurado grupos o milicias afines a sus creencias chiitas y que han sido formados, entrenados y subministrados para llevar a cabo la agenda de Teherán. El hecho que el presidente Trump no tenga una política exterior clara hacia Oriente Medio ha generado un vacío y ha facilitado la presencia de Irán.

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Torre Azadi (en persa: برج آزادی, ‘Torre de la Libertad’)  Teheran.

La muerte de Soleimani ha marcado un antes y un después en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán. Se iniciaba así una etapa de estancamientos o posible escalada. En Irán, como consecuencia de este hecho, se inició una oleada de protestas debido a que Soleimani obtuvo la consideración de mártir. Además, se sumaron una serie de protestas contestatarias al régimen demandando más derechos, democracia y un giro en la política exterior. Este clima de inestabilidad social se trasladó a la política donde las elecciones dejaron un parlamento cooptado por elementos conservadores y neoconservadores, con la participación más baja desde hace 40 años.

Las relaciones entre Estados Unidos e Irán se encuentran en un punto de enfrentamiento no directo. Posteriormente al asesinato de Soleimani, Irán prometió venganza que se tradujo en el derribo de un avión comercial y un seguido de confrontaciones en el estrecho de Ormuz. Si bien es cierto que la noticia de la muerte de Soleimani dio la vuelta al mundo y fue comparada con la muerte de Osama Bin Laden, realmente no ha supuesto una interrupción o disuasión para futuros ataques. Fue un golpe a la capacidad operacional iraní, pero solo a corto plazo. Por su parte Estados Unidos decidió mantener el tono a nivel político y solamente llevar a cabo un nuevo paquete de sanciones económicas.

En todo este clímax de tensión entre ambos países se produjo la irrupción de la covid-19 y su expansión por todo el mundo, convirtiéndose en una pandemia mundial. Esto supuso un enfriamiento entre Estados Unidos e Irán, ya que ambos territorios tenían preocupaciones más importantes que la política exterior. La llegada de las cuarentenas y confinamientos puso en pausa a todos los movimientos de protesta que se estaban aconteciendo en Irán pidiendo venganza y medidas más duras hacia Estados Unidos.

La covid-19 supuso un respiro para el régimen y a su vez la posibilidad de instrumentalizar la pandemia. Irán culpó a Estados Unidos de todas las muertes causadas por la pandemia y además se emitió una fatua contra el presidente Trump y su gobierno. Seguramente habrá que esperar a después de la toma de posesión del recién elegido presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para poder apreciar cómo se posiciona en relación a sus relaciones diplomáticas con Teherán y al retorno al Pacto Nuclear.

Autor: Laura Colomé Esquirol. Historiadora, máster en mundo árabe e islámico por la Universidad de Barcelona y posgrado en terrorismo yihadista, insurgencias y movimientos radicales por la Universidad Pablo Olavide.

 

Comentarios: 1

  1. Jesus Maestro dice:

    Me parece un artículo interesante, desgranando la estrategia de Soliemani en diversos países. No obstante, me parece que una referencia a las actuaciones de los grupos suníes radicales, que tienen como primer enemigo a los herejes del Islam, tambén sería interesante para poner todas las cartas encima de la mesa. Dicho esto, Laura Colomé hace un análisis muy amplio de lo que Soleimani significa para amplais capas de la sociedad iraní. Especialmente las menos instruidas y más depauperadas.

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