Lámina 44 · Sector MOM · 15°21' N / 44°12' E
La guerra de Yemen: los cuatro frentes superpuestos del conflicto
No es una guerra sino cuatro superpuestas: la interna entre hutíes y gobierno, la regional entre Arabia Saudí e Irán, la separatista del sur y la del mar Rojo. Cada una tiene sus propios actores y ninguna se resuelve sin las otras.
La guerra de Yemen se describe con frecuencia como un enfrentamiento entre los hutíes y el gobierno reconocido, o como una guerra por delegación entre Arabia Saudí e Irán. Ambas descripciones son ciertas y ninguna basta, porque en el mismo territorio operan cuatro conflictos con actores, objetivos y calendarios distintos.
Esa superposición explica por qué las negociaciones han producido treguas parciales pero ningún acuerdo: resolver uno de los frentes no cierra los demás, y las partes de cada uno no coinciden.
Primer frente: hutíes contra el gobierno
El movimiento hutí, formalmente Ansar Allah, surgió en los años noventa en la provincia norteña de Saada como movimiento de revitalización religiosa zaidí, una rama del chiismo mayoritaria en el norte yemení durante siglos. Se enfrentó al gobierno de Alí Abdalá Salé en seis rondas de guerra entre 2004 y 2010.
Tras las revueltas de 2011 y la salida de Salé, la transición pilotada por el Consejo de Cooperación del Golfo dejó a los hutíes fuera del reparto de poder. En 2014 tomaron Saná con el apoyo, paradójico, de unidades leales al mismo Salé al que habían combatido durante una década. El presidente Abd Rabbu Mansur Hadi huyó a Adén y después a Riad.
Salé rompió con los hutíes en 2017 y murió asesinado pocos días después. Desde entonces los hutíes controlan el noroeste, donde vive la mayor parte de la población, incluida la capital.
Segundo frente: la intervención regional
En marzo de 2015, una coalición encabezada por Arabia Saudí inició una campaña aérea con el objetivo declarado de restaurar al gobierno reconocido. Contó con apoyo logístico y de inteligencia occidental y con la participación de Emiratos Árabes Unidos.
El cálculo saudí era una operación breve. Se prolongó años, con una campaña de bombardeos que causó una proporción muy alta de las víctimas civiles documentadas y un bloqueo de puertos y aeropuertos que agravó la crisis alimentaria. Los hutíes respondieron con misiles y drones contra territorio saudí, incluidos ataques a instalaciones petroleras.
Irán proporciona a los hutíes armamento, tecnología de misiles y asesoramiento, en una relación que ha ido estrechándose durante el conflicto. La caracterización como simple proxy iraní es sin embargo imprecisa: los hutíes tienen raíces, agenda y base social propias, y su dependencia de Teherán es menor que la de otros actores de la región.
El acercamiento entre Arabia Saudí e Irán acordado en 2023 con mediación china redujo la intensidad del frente regional, y Riad ha buscado desde entonces una salida negociada que le permita desvincularse.
Tercer frente: el sur separatista
Yemen del Sur fue un Estado independiente hasta 1990 y su reunificación con el norte nunca se asentó del todo; en 1994 hubo una guerra civil por esa cuestión.
El Consejo de Transición del Sur, respaldado por Emiratos Árabes Unidos, reclama la independencia o una autonomía amplia. Formalmente combate a los hutíes, pero en 2019 tomó Adén al gobierno al que se supone que apoya, y las tensiones con él han sido recurrentes.
Ese frente revela una contradicción interna en la coalición: Arabia Saudí respalda al gobierno reconocido y Emiratos respalda a un actor que aspira a dividir el país que ese gobierno dice representar.
Cuarto frente: el mar Rojo
Desde finales de 2023, los hutíes iniciaron ataques con misiles y drones contra buques mercantes en el mar Rojo y el golfo de Adén, presentados como respuesta a la ofensiva israelí en Gaza.
Las consecuencias excedieron con mucho el ámbito regional. Las principales navieras desviaron sus rutas por el cabo de Buena Esperanza, con diez a quince días adicionales de trayecto entre Asia y Europa, un aumento notable de los fletes y una caída severa del tránsito por el canal de Suez, con el consiguiente golpe a los ingresos egipcios.
Estados Unidos y Reino Unido respondieron con ataques sobre posiciones hutíes y se desplegaron operaciones navales de escolta. El efecto político interno fue el contrario del buscado: el movimiento ganó proyección regional y presentó su capacidad de alterar el comercio mundial como demostración de relevancia.
Por qué no termina
Tres razones se acumulan.
La primera es que no hay una mesa donde estén todas las partes. Un acuerdo entre Riad y los hutíes no vincula al Consejo de Transición del Sur; un acuerdo interno yemení no obliga a los patrocinadores externos.
La segunda es la economía de guerra. El control de puertos, aduanas, importación de combustible y distribución de ayuda genera ingresos sustanciales para quienes administran cada zona, y un acuerdo los eliminaría.
La tercera es la fragmentación monetaria y administrativa. Existen dos bancos centrales —uno en Adén y otro en Saná—, con billetes distintos y tipos de cambio divergentes. El país está de facto dividido en administraciones separadas, y cada año que pasa esa separación se institucionaliza un poco más.
Naciones Unidas describe la situación como una de las mayores crisis humanitarias del mundo, con la mayor parte de la población necesitada de asistencia y brotes recurrentes de enfermedades asociadas al colapso del saneamiento.
Preguntas frecuentes
¿Quiénes son los hutíes?
Un movimiento surgido en los años noventa en la provincia norteña de Saada como corriente de revitalización religiosa zaidí, una rama del chiismo mayoritaria en el norte yemení. Se enfrentó al gobierno en seis rondas de guerra entre 2004 y 2010 y tomó Saná en 2014.
¿Cuándo empezó la guerra de Yemen?
Depende de qué frente se cuente. Los hutíes tomaron Saná en 2014 y la coalición encabezada por Arabia Saudí intervino en marzo de 2015, que es la fecha habitual de referencia para la fase internacional del conflicto.
¿Por qué intervino Arabia Saudí?
Para restaurar al gobierno reconocido y frenar lo que consideraba una expansión de la influencia iraní en su frontera sur. Calculaba una operación breve y se prolongó años.
¿Son los hutíes un proxy de Irán?
Reciben armamento, tecnología de misiles y asesoramiento iraníes, y la relación se ha estrechado durante el conflicto. Pero tienen raíces, agenda y base social propias, y su dependencia de Teherán es menor que la de otros actores de la región.
¿Qué papel juegan los Emiratos Árabes Unidos?
Respaldan al Consejo de Transición del Sur, que aspira a la independencia o a una autonomía amplia. Eso genera una contradicción dentro de la coalición, porque Arabia Saudí apoya al gobierno que ese consejo quiere dividir.
¿Por qué atacan barcos en el mar Rojo?
Los hutíes presentaron los ataques iniciados a finales de 2023 como respuesta a la ofensiva israelí en Gaza. El efecto fue global: desvío de rutas por el cabo de Buena Esperanza, fletes al alza y caída severa del tránsito por Suez.
¿Está Yemen dividido?
De facto sí. Hay dos bancos centrales, uno en Adén y otro en Saná, con billetes distintos y tipos de cambio divergentes, y administraciones separadas que se institucionalizan más con cada año que pasa.
¿Por qué fracasan las negociaciones?
Porque no existe una mesa con todas las partes: un acuerdo entre Riad y los hutíes no vincula a los separatistas del sur, y un acuerdo interno no obliga a los patrocinadores externos. A eso se suma una economía de guerra que desaparecería con la paz.