Comunismo en Estados Unidos. Intrusos en la ‘cuna del capitalismo’

Comunismo en Estados Unidos. Intrusos en la ‘cuna del capitalismo’

«Se trataba de utilizar a cualquier hijo de puta siempre que fuera anticomunista». Esta frase, en boca del exagente de la CIA Harry Rositzki, es la que mejor define la política estadounidense durante la Guerra Fría. Cualquier cosa con tal de frenar el avance del comunismo, ya fuera en el exterior como dentro del mismo territorio estadounidense. De ahí su ferviente campaña de expansión anticomunista en Occidente y en el resto del mundo, cuyo escenario que abrió este largo periodo de tensiones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética fue en Grecia en 1947 con el envío de un cheque valorado en 400 millones de dólares para sofocar la guerrilla comunista en el país heleno. Fue el inicio de la llamada ‘Doctrina Truman’, una política de «contención del comunismo» establecida por el presidente norteamericano Harry Truman.

A partir de ese momento, cualquier país era vulnerable de caer de un lado u otro del tablero en el nuevo contexto mundial. Tienen especial relevancia aquellos países que estuvieron bajo ocupación japonesa antes y durante la Guerra del Pacífico (1935-1945). Casos de Corea (1950-1953) y Vietnam (1955-1975), pues será en estos lugares donde se desarrollarán los principales conflictos de la Guerra Fría. Sin embargo, el goteo de países que se iban sumando al bloque comunista resultaba mayor a medida que sucedían los conflictos y se mostraba la incapacidad estadounidense de contener su expansión: Corea del Norte, China, Egipto, Cuba, etc.

El nivel de desesperación e inquietud de la Administración estadounidense llegó a tales extremos que no sólo percibían un ambiente de derrota ante el fracaso de su política exterior, sino que provocó una sensación de inseguridad y miedo que les sirvió para aplicar en su forma más literal la frase de Rositzki. Fue en esta convulsa época en la que dio comienzo la denominada caza de brujas auspiciada por el senador republicano Joseph McCarthy en 1950. Multitud de actores y guionistas de Hollywood, funcionarios del Gobierno e incluso generales perdieron sus empleos y quedaron totalmente marginados por culpa de esta campaña.

En este contexto, resulta impensable la propia existencia de un partido político en EEUU con tesis izquierdistas, no digamos ya comunista. Pero lo cierto es que sí existió, y a día de hoy sigue existiendo. Sin embargo, en un contexto tan convulso como la Guerra Fría y con un estado de inquietud permanente por el fantasma del comunismo, su mera presencia en la política y sociedad estadounidense supuso un suplicio del que cuesta imaginar cómo ha conseguido sobrevivir hasta la actualidad.

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Members of Walk of the People, a 7,000-mile peace walk from California to Russia, reach New York City in 1984

Señalados desde su nacimiento: Orígenes y primeras actividades

Fundado en 1919 al calor de la Revolución Rusa (1917), el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA, por sus siglas en inglés) estuvo sometido desde su creación a un seguimiento y represión constante por parte de las autoridades estadounidenses.

Obrero, sindicalista, pacifista, defensor de las libertades, de los derechos civiles y de las minorías étnicas -fue, de hecho, el primer partido «racialmente integrado» de EE.UU.-, el Partido Comunista fue tachado desde su creación como un movimiento peligroso por la Casa Blanca, con connotaciones similares a las de una banda criminal o terrorista al considerarlo la «primera amenaza roja» a la que se tenía que enfrentar el país tras la victoria de los bolcheviques en la revolución rusa y la creación del primer estado comunista del mundo. 

Ante esta situación, Washington no vaciló un momento en emplear todos los medios a su alcance para impedir que dicha ideología triunfase de igual manera en el país.

Durante la década de los años 20’s, y ante el avance del socialismo también Europa, fue creciendo en el seno de la sociedad estadounidense un sentimiento escéptico hacia los inmigrantes provenientes del Viejo Continente que fue aprovechado por el procurador general Mitchell Palmer, con cuyas redadas el Departamento de Justicia norteamericano acorraló a miles de extranjeros acusados de ser comunistas, anarquistas, reformadores laboristas u otra grave amenaza para la seguridad nacional. Miembros célebres del partido como Robert Thompson o Benjamin Davis fueron enjuiciados, otros perseguidos y encarcelados y, en el caso de ser inmigrante, se les deportaba. La clandestinidad acabó siendo el refugio para muchos miembros destacados del partido durante al menos dos años.

Más allá de Rusia, resulta interesante descubrir que una de las hazañas de este partido tiene relación con la Guerra Civil Española (1936-1939), especialmente con el Gobierno de la Segunda República, ya que 2.800 voluntarios comunistas norteamericanos partieron hacia España para luchar contra el bando sublevado del dictador Franco en defensa del bando republicano en el denominado ‘Batallón Lincoln’, una de las brigadas internacionales que luchó en el conflicto. Además, el CPUSA se implicó de lleno en la guerra y recaudó fondos para asistencia médica a favor del Gobierno republicano.

Esta implicación del CPUSA es muy reveladora porque, a pesar de que el Gobierno estadounidense no se involucró en la guerra y del desconocimiento generalizado en torno a este asunto, estos soldados voluntarios tienen cinco monumentos en su honor en San Francisco (California), y según la directora ejecutiva de los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln, Marina Garde, esta historia obtiene mucha más trascendencia e importancia en unos tiempos en los que los populismos y los movimientos de extrema derecha están en auge en Europa y EE.UU.

Al contrario que Francia o Reino Unido, cuyos Gobiernos y partidos comunistas declinaron posicionarse en la Guerra Civil y apoyar al bando republicano, la «solidaridad internacionalidad» que caracterizaba al Partido Comunista estadounidense no se medía solo en palabras, sino en hechos, capaces de atravesar el Atlántico para unirse a una causa que ni siquiera era la suya. 

Como suele suceder con la memoria histórica y los represaliados por la Guerra Civil y la dictadura franquista, el reconocimiento y honores a estos milicianos comunistas es casi inexistente. Tal y como apunta el historiador norteamericano Robert Coale, desde EE.UU. se «ignora» esta parte de su historia contra el fascismo, la cual empieza formalmente con el ataque japonés a Pearl Harbour (1941).

Este desconocimiento puede que tenga su razón de ser en la campaña de desprestigio que empleó a fondo el Macartismo desde sus inicios para desvincular a toda costa no solo cualquier hazaña prodigiosa protagonizada por el gigante norteamericano con tintes comunistas, sino también al propio Partido Comunista. Formaba -y forma aún- parte de esa feroz campaña anticomunista que intentaba acallar cualquier voz o pensamiento marxista-leninista en la sociedad estadounidense.

 Este objetivo no resultó nada fácil. Más aún tras la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), una ocasión en la que, aprovechando la ofensiva y la lucha mundial contra el nazismo y el fascismo a nivel mundial, el CPUSA llegó a alcanzar los 80.000 miembros, una cifra nada despreciable en un país férreamente capitalista como Estados Unidos.

McCarthy, la caza de brujas y un declive irreversible

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial con la victoria de los aliados, Estados Unidos y la URSS se convirtieron en las únicas superpotencias del momento. A partir de este momento, el  enemigo número uno para Washington vuelve a ser de color rojo, dando comienzo a al inicio de la Guerra Fría.

La amenaza que representaba el bloque comunista soviético para el mundo capitalista comandado por Washington desencadenó multitud de disputas en todo el globo que alcanzaron hasta el propio territorio estadounidense.  La ‘caza de brujas’ ideada por McCarthy a mediados del siglo XX alcanzó cotas de persecución y hostigamiento inigualables hacia todo aquel que fuera sospechoso de ser comunista o colaborar con éstos. Especial atención recibe el Comité de Actividades Antiamericanas que provocó la anulación de las carreras de muchos profesionales de Hollywood en los años 50, entre los que destacan directores, guionistas y actores sobre todo.

McCarthy no fue el único en esta ‘caza’. En 1952 el senador demócrata Patrick McCarran, un ferviente anticomunista, aprobó la Ley de Seguridad Interna que, en sus palabras, buscaba «proteger a los EEUU de ciertas actividades subversivas y no estadounidenses al exigir el registro de organizaciones comunistas y para otros fines». Bajo este texto se elaboró una extensa lista de miles de nombres a los que se les prohibió la entrada en el país, sospechosos de ser comunistas o de suponer una amenaza para el «interés nacional». Escritores como Gabriel García Márquez, la viuda del expresidente de Chile Salvador Allende o el exgeneral de la OTAN Nino Pasti figuraron en esa lista negra

Dicha ley no tuvo, aun así, una acogida amplia dentro del panorama político. Sin ir más lejos, el presidente Truman votó en contra de su aprobación alegando que atentaba contra los derechos de reunión y de libertad de expresión establecidos en la Primera Enmienda de la Constitución. Uno de los artículos en concreto exigía que comunistas o personas sospechosas de serlo se registrasen en el Departamento de Justicia y traspasasen información relacionada con financiación, actividades, o incluso arrestar a quienes participaran en labores de espionaje o sabotaje. Truman alegó que era «poco probable» que comunistas se registrasen en el departamento u otorgase información relacionada con actividades comunistas. Finalmente, la ley fue derogada por el Congreso en 1987.

A pesar de que era cierta la vinculación y simpatía del CPUSA con el Partido Comunista de la URSS -del cual recibió financiación hasta 1991-, y de que muchos miembros del CPUSA fueron juzgados y perseguidos meramente por su ideología,  hubo varios miembros del partido que sí fueron espías de la URSS, como fue el caso de Elizabeth Bentley o el matrimonio Rosenberg, cuya sentencia generó polémica en EE.UU.

Este suceso no fue el detonante del rápido declive del Partido Comunista, pero sí marcó un punto de inflexión, ya que a partir de este hecho se desencadenó una serie de sucesos que fueron mermando su fuerza, atractivo e influencia en la sociedad estadounidense.

La represión soviética en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968), y su defensa a ultranza del estalinismo provocó la destitución y abandono de muchos miembros y militantes del partido. Entrados los 80´s y con Gorbachov al frente de un bloque soviético sumido en una profunda crisis económica, los fondos del Partido Comunista de la Unión Soviética hacia el CPUSA se redujeron notablemente hasta que en 1991, tras la desintegración de la URSS, estos ingresos se esfumaron. Fue el golpe definitivo que noqueó no solo al CPUSA, sino a todos los movimientos comunistas financiados por la URSS en todo el mundo.

En el nuevo contexto mundial, con la victoria de EE.UU. en la Guerra Fría frente al derrotado y denostado bloque comunista, la mera posibilidad de que sobreviviera un partido de raíces marxistas-leninistas, como lo era el PCUSA, fue visto como una utopía en muchas partes del mundo teniendo en cuenta el fracaso de la experiencia del modelo soviético.

Según destaca Vernon Pederson, profesor de historia en la Universidad de Gran Falls (Montana), las características que han hecho posible que a día de hoy el comunismo persista -aunque de una manera muy residual- han sido el sentido de «resistencia, perseverancia, compañerismo» y una convicción ideológica «extremadamente fuerte» que les ha permitido seguir en la lucha y evitar su completa desaparición.

Panorama actual:  La influencia como modo de lucha 

La historia siguió su curso. La URSS desapareció, la Guerra Fría terminó y arrastró al CPUSA a un estado de irrelevancia total Sin embargo, después de 29 años, aún resulta un hito que la lucha de la clase obrera aún se mantenga en pie con un equipo de 5.000 miembros defendiendo sus ideales desde una sede ubicada cerca del corazón del capitalismo financiero: Wall Street.

La crisis económica de 2008, las manifestaciones del movimiento Occupy en Wall Street (2011), la introducción del debate acerca de la sanidad pública o la popularidad que reciben políticos como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders o Elizabeth Warren -quienes recibieron el apoyo del CPUSA en las primarias demócratas- son hechos que el partido pone de ejemplo para reivindicar la influencia de sus tesis e ideas en la sociedad y política estadounidense. 

El investigador y activista por los derechos de los inmigrantes, Emile Schepers, alegó este verano en un artículo publicado en la web del CPUSA (Cómo veo las elecciones nacionales de noviembre 2020; 31/08/2020) que «las auténticas agrupaciones socialistas y comunistas son demasiado pequeñas» para presentar candidatos a la presidencia que ganen las elecciones.

De esta manera, y ante la ausencia de candidatos propios, el CPUSA centró toda su actividad en movilizar el voto en la población para derrotar a Donald Trump en las urnas el pasado 4 de noviembre bajo la etiqueta #Votacontraelfascismo. No se quedó ahí, y ante los intentos de Trump de boicotear el resultado en los tribunales, el partido incitó a la población a una manifestación pacífica «para defender la democracia y la Constitución» en el caso de que el candidato republicano saboteara u obstruyese un recuento » justo y completo» de las elecciones.

A pesar de que para el CPUSA las diferencias entre Trump y el demócrata Joe Biden son «cosméticas«, Schepers defendió el voto por Biden como una «prioridad electoral» para derrotar a Trump y a la mayoría republicana en el Senado.

Una vez que la victoria del demócrata se consumara días después, el CPUSA apeló a la juventud estadounidense  a que no se quedara simplemente con esta victoria, sino a que se movilice y empuje para que su Administración desarrolle un plan progresista para EEUU con medidas tales como impulsar una agenda verde. Una tarea que el recién elegido presidente ha tildado de «prioritaria» una vez que prometió la vuelta de EEUU al Acuerdo Climático de París.

Así pues, no parece que la influencia de este histórico partido en la política y la sociedad estadounidense esté lejos de acabar, sino todo lo contrario.

Autor:Miguel Rivas. Graduado en Periodismo por la Universidad de Málaga. Máster en Periodismo Internacional por la Universidad Blanquerna – Ramon Llull (Barcelona). Pasión por la política internacional, interés en Asia-Pacífico.

 

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