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El auge de la extrema derecha en Europa: por qué crece y dónde llega
De partidos marginales a fuerzas de gobierno o de apoyo parlamentario en buena parte del continente. Qué tienen en común, en qué se diferencian y qué dicen los datos sobre las causas de su avance.
En las tres últimas décadas, la familia política que la ciencia política suele denominar derecha radical populista ha pasado de ocupar posiciones marginales a ser primera o segunda fuerza en varios países europeos, a participar en gobiernos y a condicionar la agenda de los partidos de centroderecha incluso donde no gobierna.
Conviene empezar por el vocabulario, porque el término «extrema derecha» agrupa realidades distintas. La ciencia política suele distinguir entre la derecha radical (que acepta las reglas democráticas pero cuestiona el pluralismo liberal, los contrapesos institucionales y los derechos de minorías) y la extrema derecha propiamente dicha, que rechaza la democracia. Casi todos los partidos relevantes hoy pertenecen a la primera categoría, y esa distinción importa porque su estrategia es competir en las urnas, no subvertirlas.
Dónde está
El mapa varía con cada convocatoria, pero la tendencia es consistente en tres formas.
Partidos en el gobierno o sosteniéndolo. Italia, con Hermanos de Italia al frente del ejecutivo desde 2022; Hungría, donde Fidesz gobierna desde 2010 con mayorías amplias; Eslovaquia; y, en distintos momentos, Finlandia, Suecia —donde los Demócratas de Suecia sostienen al gobierno sin formar parte de él— y los Países Bajos.
Partidos como principal fuerza de oposición o con resultados de primer nivel. Francia, con la Agrupación Nacional; Austria, con el Partido de la Libertad; Alemania, con Alternativa para Alemania, especialmente fuerte en los estados del este; y España, Portugal, Bélgica o Polonia con formaciones propias.
Influencia sin gobierno. En varios países donde estos partidos no han llegado al poder, sus posiciones sobre inmigración y asilo han sido adoptadas total o parcialmente por partidos de centro, un fenómeno que la literatura describe como efecto de contagio de la agenda.
Qué explica el crecimiento
La investigación comparada suele agrupar las causas en cuatro bloques, y la evidencia sugiere que actúan combinados y no por separado.
La transformación económica. La desindustrialización y la deslocalización afectaron de forma desigual a territorios y grupos ocupacionales. Los estudios electorales muestran una correlación robusta entre regiones con pérdida de empleo industrial y voto a estos partidos, más consistente que la correlación con el nivel absoluto de renta. Lo que predice el voto no es tanto ser pobre como haber perdido posición relativa, o percibir que la próxima generación la perderá.
La inmigración. Es el eje central de su discurso y su principal factor movilizador. Los datos son menos directos de lo que el discurso sugiere: la correlación con la presencia efectiva de inmigrantes es débil (en algunas regiones el voto es más alto donde hay menos inmigración), y más fuerte con la percepción de cambio rápido y con la cobertura mediática del asunto. Los picos de 2015 y de años posteriores coinciden con incrementos electorales medibles.
La desconfianza institucional. El descrédito de los partidos tradicionales tras la crisis financiera de 2008 y las políticas de austeridad abrió un espacio para fuerzas que se presentan como externas al sistema. En varios países el crecimiento de la derecha radical coincide con el desplome de partidos socialdemócratas o democristianos históricos.
Lo cultural. La literatura sobre reacción cultural sostiene que el cambio de valores en materia de género, sexualidad, religión y diversidad ha generado un contramovimiento entre sectores que perciben una pérdida de estatus simbólico. Ese factor explica mejor que el económico el perfil de una parte del electorado, sobre todo de mayor edad y en zonas no urbanas.
Cómo cambió la estrategia
El rasgo más relevante de los últimos quince años no es el crecimiento sino la transformación del discurso.
La mayoría de estos partidos abandonó las referencias explícitamente racialistas o antidemocráticas que caracterizaban a sus predecesores y adoptó tres desplazamientos: del racismo biológico a la defensa de la identidad cultural, del antisemitismo tradicional a posiciones proisraelíes en varios casos, y del rechazo frontal al Estado del bienestar a su defensa en clave restrictiva —prestaciones sí, pero solo para nacionales.
También cambió la posición sobre Europa. La salida del euro y de la Unión, que figuraba en varios programas, se ha sustituido mayoritariamente por la propuesta de transformarla desde dentro en una confederación de Estados con menos competencias, un giro acelerado tras las dificultades del Brexit.
Ese proceso, que la literatura llama normalización, es el que ha hecho posible su acceso a gobiernos: partidos de centroderecha que antes descartaban cualquier pacto han encontrado interlocutores presentables.
Qué ocurre cuando gobiernan
La evidencia disponible apunta a dos patrones distintos.
En materia económica y europea, la práctica ha sido más moderada que el programa: los gobiernos con participación de estas fuerzas no han salido del euro ni han roto con Bruselas, y en varios casos han mantenido la ortodoxia presupuestaria.
En materia institucional, en cambio, donde han gobernado con mayorías amplias y durante periodos largos se ha documentado erosión de contrapesos: cambios en el sistema judicial, concentración de la propiedad de medios, reforma de las reglas electorales y presión sobre organizaciones de la sociedad civil. Los procedimientos abiertos por la Unión Europea en aplicación del artículo 7 del Tratado y la condicionalidad presupuestaria vinculada al Estado de derecho responden a esa constatación.
La conclusión que se extrae con más frecuencia es que el impacto no se mide tanto en las políticas concretas de una legislatura como en las reglas del juego que quedan modificadas para la siguiente.
Preguntas frecuentes
¿Es correcto llamar «extrema derecha» a la derecha radical europea?
La ciencia política distingue entre derecha radical (acepta las elecciones pero cuestiona el pluralismo liberal y los contrapesos) y extrema derecha, que rechaza la democracia. Casi todos los partidos relevantes hoy pertenecen a la primera categoría.
¿En qué países gobiernan?
Italia y Hungría son los casos más consolidados, junto con Eslovaquia. En Suecia sostienen al gobierno sin formar parte de él, y han participado en ejecutivos en Finlandia, Austria y Países Bajos en distintos momentos.
¿Explica la inmigración su crecimiento?
Es su eje discursivo, pero la correlación con la presencia efectiva de inmigrantes es débil: en algunas regiones el voto es más alto donde hay menos. La correlación fuerte es con la percepción de cambio rápido y con la cobertura mediática del asunto.
¿Qué papel juega la economía?
Los estudios muestran correlación robusta con regiones que perdieron empleo industrial. Lo que predice el voto no es tanto el nivel de renta como la pérdida de posición relativa o la expectativa de que la próxima generación la pierda.
¿Cómo ha cambiado el discurso de la derecha radical europea?
Del racismo biológico a la defensa de la identidad cultural, del antisemitismo tradicional a posiciones proisraelíes en varios casos, y del rechazo al Estado del bienestar a su defensa restringida a nacionales.
¿Siguen queriendo salir de la Unión Europea?
Mayoritariamente no. La propuesta de salida del euro y de la Unión se ha sustituido por la de transformarla desde dentro en una confederación con menos competencias, un giro acelerado tras las dificultades del Brexit.
¿Qué es el efecto de contagio de la agenda?
La adopción total o parcial de las posiciones de estos partidos sobre inmigración y asilo por parte de formaciones de centro, incluso en países donde la derecha radical no ha llegado al gobierno.
¿Qué ocurre cuando llegan al poder?
En economía y política europea su práctica ha sido más moderada que su programa. En materia institucional, donde han gobernado con mayorías amplias y durante periodos largos, se ha documentado erosión de contrapesos judiciales, mediáticos y electorales.