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Los tigres asiáticos: cuáles son los cuatro países y su economía hoy
Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur pasaron de la posguerra a la renta alta en una sola generación. Qué hicieron en común, en qué se diferenciaron y por qué el modelo no se ha vuelto a repetir igual.
Cuáles son los tigres asiáticos es una de esas preguntas con respuesta corta y explicación larga. La respuesta corta: Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur. La explicación larga es que esos cuatro países asiáticos protagonizaron entre los años sesenta y los noventa la transformación económica más rápida documentada hasta entonces, pasando de niveles de renta comparables a los del África subsahariana a los de Europa occidental en aproximadamente una generación.
El término se acuñó en los años ochenta, cuando la magnitud del fenómeno se hizo evidente. En inglés se les llamó también «los cuatro dragones», y en la literatura del Banco Mundial quedaron encuadrados dentro del llamado milagro de Asia oriental. Las cuatro economías asiáticas crecieron durante tres décadas a tasas medias en torno al 8 % anual, un ritmo que duplica la renta cada nueve años.
Cuáles son los tigres asiáticos y de dónde partían
Antes de responder cuáles son los tigres asiáticos en términos económicos, conviene ver de dónde salieron: en 1960 los cuatro tenían poco más que problemas.
Corea del Sur salía de una guerra que había destruido buena parte de su infraestructura y la había dejado con un PIB per cápita inferior al de Ghana. Carecía de recursos naturales y estaba dividida de un vecino hostil por una línea de armisticio.
Taiwán era una isla a la que se había replegado el gobierno nacionalista tras perder la guerra civil china, con una población duplicada por la llegada de refugiados y bajo amenaza permanente de invasión.
Hong Kong era una colonia británica de refugiados, sin agua propia suficiente, sin materias primas y con un horizonte político acotado: el arrendamiento de los Nuevos Territorios expiraba en 1997.
Singapur se separó de Malasia en 1965 en circunstancias que su primer ministro describió como una expulsión. Era una ciudad portuaria de dos millones de habitantes, sin territorio agrícola, con tensiones étnicas y dependiente de la base militar británica que Londres anunció que cerraría.
Ninguno de los cuatro países disponía de petróleo, mineral ni tierra cultivable en cantidad relevante. Esa carencia acabó siendo parte de la explicación: sin rentas de recursos que repartir, la única vía de crecimiento era vender manufacturas al exterior.
Qué hicieron en común: una economía volcada en la exportación
Las cuatro economías asiáticas siguieron una secuencia reconocible, aunque ninguna la ejecutó igual.
Sustitución de importaciones primero, exportación después. Todas empezaron protegiendo su industria naciente, pero (a diferencia de América Latina, que mantuvo ese modelo durante décadas) giraron pronto hacia la exportación. Corea lo hizo a mediados de los sesenta, Taiwán algo antes.
Escalada tecnológica deliberada. El patrón fue textil y calzado en los sesenta, electrónica de consumo y construcción naval en los setenta, semiconductores y automoción en los ochenta, tecnología avanzada después. Cada peldaño financiaba el siguiente.
Inversión masiva en educación. Las tasas de escolarización secundaria crecieron antes que la renta, no después. Se trató la formación técnica como infraestructura productiva.
Tasas de ahorro extraordinarias. Superaron con frecuencia el 30 % del PIB, en parte por sistemas de previsión obligatoria como el Fondo Central de Previsión singapurense. Ese ahorro interno financió la inversión sin depender del crédito exterior.
Estado desarrollista. Ni planificación centralizada ni mercado puro: burocracias técnicas con capacidad de dirigir crédito, fijar objetivos de exportación y disciplinar a las empresas que no los cumplían. El Consejo de Planificación Económica coreano y la Junta de Desarrollo Económico de Singapur son los ejemplos canónicos.
Reforma agraria temprana. En Corea y Taiwán, el reparto de tierra de los años cincuenta desactivó a la oligarquía terrateniente y creó un mercado interno de pequeños propietarios. Es el factor que más a menudo se omite y uno de los que mejor distingue el caso asiático del latinoamericano.
En qué se diferenciaron
Agrupar a los tigres asiáticos bajo una etiqueta común oculta cuatro trayectorias bastante distintas.
Corea del Sur apostó por conglomerados privados gigantes, los chaebol (Samsung, Hyundai, LG), financiados con crédito dirigido y muy endeudados. Taiwán hizo lo contrario: una malla de pequeñas y medianas empresas familiares, con el Estado presente sobre todo en la investigación aplicada; de ese ecosistema salió TSMC, hoy el mayor fabricante de semiconductores del mundo por contrato.
Singapur atrajo multinacionales extranjeras en lugar de crear campeones nacionales, y las combinó con empresas estatales agrupadas en el fondo Temasek. Hong Kong siguió la vía más liberal de las cuatro: intervención pública mínima, salvo en dos ámbitos decisivos —el suelo, propiedad del Estado, y la vivienda pública, que llegó a alojar a cerca de la mitad de la población.
También divergieron en política. Corea del Sur y Taiwán fueron dictaduras durante la fase de despegue y se democratizaron en los años ochenta, con elecciones libres a partir de 1987 y 1996 respectivamente. Singapur mantiene desde la independencia un sistema dominado por un solo partido. Hong Kong nunca fue democrática bajo administración británica ni lo es hoy bajo soberanía china.
Esa divergencia desmiente las dos lecturas simplificadas del fenómeno: ni el autoritarismo produce crecimiento por sí mismo, ni la democracia lo impidió donde llegó.
La crisis de 1997: la prueba de resistencia
La crisis financiera asiática de 1997 empezó en Tailandia con el abandono de la paridad del baht y se propagó por toda la región, arrastrando a países asiáticos que no habían participado del auge. Los cuatro tigres asiáticos la afrontaron en posiciones muy distintas.
Corea del Sur fue la más golpeada. La deuda a corto plazo de los chaebol la dejó sin reservas y obligó a solicitar el mayor rescate concedido hasta entonces por el Fondo Monetario Internacional, unos 58.000 millones de dólares. La contrapartida fue una reestructuración profunda: quiebra de conglomerados, apertura del sistema financiero y saneamiento bancario.
Hong Kong defendió su paridad con el dólar estadounidense interviniendo directamente en el mercado bursátil, una medida heterodoxa que le costó críticas y que finalmente funcionó. Singapur y Taiwán resistieron mejor gracias a niveles de deuda externa bajos y reservas elevadas.
La lección que la región extrajo fue acumular reservas de divisas de forma sistemática, una política que sigue vigente y que explica en parte los desequilibrios globales de la década siguiente.
Dónde están hoy los cuatro países
Las cuatro figuran hoy entre las economías más ricas del mundo por renta per cápita, y tres de ellas superan a la media de la Unión Europea.
Corea del Sur completó el tránsito más llamativo: de receptora de ayuda a donante, con una industria cultural (música, cine, series) que se ha convertido en instrumento de influencia exterior y con Samsung y Hyundai entre las mayores empresas globales de su sector.
Taiwán ocupa un lugar sin equivalente: fabrica la mayor parte de los semiconductores avanzados del planeta, lo que le da una relevancia estratégica muy superior a su tamaño y, al mismo tiempo, la convierte en el punto más delicado de la relación entre Estados Unidos y China.
Singapur es hoy centro financiero, nudo logístico y sede regional de multinacionales, con una renta per cápita entre las más altas del mundo.
Hong Kong es el caso divergente. Retornó a soberanía china en 1997 bajo la fórmula «un país, dos sistemas», con autonomía garantizada hasta 2047. La ley de seguridad nacional de 2020 alteró ese equilibrio, y una parte de las funciones financieras que concentraba se han desplazado hacia Singapur.
Por qué el modelo no se ha repetido igual
La pregunta que recorre toda la literatura sobre desarrollo es por qué la secuencia de los tigres asiáticos no se ha reproducido en otras regiones con la misma limpieza.
Hay tres respuestas que suelen darse juntas. La primera es de contexto: los cuatro se industrializaron en un momento de expansión del comercio mundial y con acceso privilegiado al mercado estadounidense, que por razones de Guerra Fría toleró su proteccionismo interno. Ese margen ya no existe.
La segunda es tecnológica: la manufactura intensiva en mano de obra que sirvió de primer peldaño está hoy mucho más automatizada, de modo que el mismo volumen de producción genera menos empleo. La escalera tiene el primer escalón más alto.
La tercera es institucional: replicar una burocracia técnica capaz de dirigir crédito sin capturarla en el intento resultó más difícil de lo que sugería el modelo. Donde se intentó sin esa capacidad administrativa, la política industrial derivó en subvención sin contrapartida.
Lo que sí se transmitió fue la dirección general. China aplicó una versión propia y a escala continental desde 1978, y Vietnam desde 1986. Ambos partieron de la misma intuición: exportar manufacturas, ascender por la cadena de valor y financiarlo con ahorro interno.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los tigres asiáticos?
Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur. Se les llama también los cuatro dragones, y el término se generalizó en los años ochenta para describir su crecimiento excepcional entre 1960 y 1990.
¿Por qué se les llama tigres?
Por la agresividad y velocidad de su crecimiento económico, sostenido durante tres décadas en tasas medias cercanas al 8 % anual, muy por encima de cualquier otra región en ese periodo.
¿Qué tenían en común las cuatro economías asiáticas?
Orientación exportadora temprana, escalada tecnológica progresiva, inversión intensa en educación, tasas de ahorro superiores al 30 % del PIB y un Estado con capacidad técnica para dirigir crédito y fijar objetivos industriales.
¿Eran dictaduras?
Corea del Sur y Taiwán lo fueron durante la fase de despegue y se democratizaron en los años ochenta y noventa. Singapur mantiene un sistema dominado por un solo partido. Hong Kong no fue democrática bajo administración británica. La variedad de regímenes desmiente que el autoritarismo explique por sí solo el crecimiento.
¿Qué papel tuvo la reforma agraria?
Un papel decisivo en Corea del Sur y Taiwán. El reparto de tierra en los años cincuenta desactivó a la oligarquía terrateniente y creó un mercado interno de pequeños propietarios, algo que no ocurrió en la mayoría de los países latinoamericanos que intentaron industrializarse en el mismo periodo.
¿Qué son los chaebol?
Los grandes conglomerados familiares surcoreanos (Samsung, Hyundai, LG, entre otros) que el Estado financió mediante crédito dirigido a cambio de cumplir objetivos de exportación. Su alto endeudamiento fue la principal vulnerabilidad de Corea en la crisis de 1997.
¿Cómo afectó la crisis de 1997 a los tigres asiáticos?
Corea del Sur fue la más golpeada y necesitó un rescate del FMI de unos 58.000 millones de dólares. Hong Kong defendió su paridad interviniendo en bolsa. Singapur y Taiwán resistieron mejor por su baja deuda externa y sus reservas elevadas.
¿Por qué Taiwán es tan importante en semiconductores?
Porque su modelo de pequeñas y medianas empresas con apoyo estatal en investigación aplicada dio lugar a TSMC, hoy el mayor fabricante por contrato del mundo. Eso le otorga una relevancia estratégica desproporcionada respecto a su tamaño.
¿Sigue Hong Kong siendo un tigre asiático?
Sigue siendo una de las economías más ricas del mundo, pero su trayectoria diverge de las otras tres. Retornó a soberanía china en 1997 bajo la fórmula «un país, dos sistemas» y la ley de seguridad nacional de 2020 alteró ese equilibrio, con un desplazamiento parcial de funciones financieras hacia Singapur.
¿Qué son los tigres asiáticos de segunda generación?
Una etiqueta que se aplica a Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas, que intentaron seguir la misma vía en los años ochenta y noventa. Su trayectoria fue más irregular y la crisis de 1997 los golpeó con especial dureza.
¿Por qué no se ha repetido el modelo?
Por tres razones que suelen citarse juntas: el contexto de Guerra Fría les dio acceso privilegiado al mercado estadounidense, la manufactura intensiva en mano de obra que servía de primer peldaño está hoy mucho más automatizada, y replicar una burocracia técnica sin que sea capturada resultó más difícil de lo previsto.
¿Influyó el modelo en China?
Sí. China aplicó desde 1978 una versión propia y a escala continental de la misma intuición (exportar manufacturas, ascender por la cadena de valor, financiarlo con ahorro interno), y Vietnam hizo lo propio desde 1986.
¿Qué tasas de ahorro alcanzaron?
Con frecuencia por encima del 30 % del PIB, en parte gracias a sistemas de previsión obligatoria como el Fondo Central de Previsión de Singapur. Ese ahorro interno permitió financiar la inversión sin depender del crédito exterior.
¿Desde qué nivel partían en 1960?
De niveles muy bajos: la renta por habitante de Corea del Sur era entonces inferior a la de Ghana. Ninguno de los cuatro disponía de petróleo, minerales ni tierra cultivable en cantidad relevante.
¿Son hoy países ricos?
Sí. Los cuatro figuran entre las economías con mayor renta per cápita del mundo y tres de ellos superan la media de la Unión Europea. El recorrido de pobreza a renta alta se completó en aproximadamente una generación.